Cuál es mi fe (fragmento)León Tolstoi

Cuál es mi fe (fragmento)

"Jesucristo dijo: no opongáis resistencia al malo. El objeto de los tribunales es resistir al malo.
Jesucristo prescribe que se devuelva el bien por el mal. Los tribunales devuelven el mal por el mal.
Dice Jesucristo: no hagáis distinción entre los buenos y los malos. Y los tribunales no hacen otra cosa. Jesucristo dice: perdonad a todos. Perdonad no una vez o siete veces, sino perdonad incesantemente. Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian. Los tribunales no perdonan, castigan; no dan el bien por el mal a los que consideran enemigos de la sociedad. Así, de todo eso, se deduce que Jesucristo debía reprobar las instituciones judiciales. Pero, tal vez, pensaba yo, Cristo no tendría nada que ver con los tribunales humanos y no pensaría en ellos. Mas veo que esa hipótesis es inadmisible: Jesucristo, desde su nacimiento hasta su muerte, tuvo que habérselas con Herodes, con el Sanedrín y los grandes sacerdotes. A mayor abundamiento, veo que en muchos pasajes, Jesucristo habla de los tribunales como de un mal. Dice a sus discípulos que los juzgarán y les enseña cuál habrá de ser su actitud. De él mismo decía que lo condenarían en justicia y enseñaba cómo había que mantenerse ante el tribunal humano. Así, Jesucristo pensó en los tribunales humanos que debían condenarle, a él y a sus discípulos, que condenan y han condenado a millones de personas. Jesucristo veía ese mal y lo consideraba directamente. Cuando se va a ejecutar la sentencia pronunciada contra la mujer adúltera, niega Jesucristo el tribunal y demuestra que el hombre no puede juzgar, ya que él mismo es culpable. Y ese pensamiento, lo expresa muchas veces diciendo que con ojos turbios no se puede distinguir un grano de arena en el ojo de otro y que un ciego no puede guiar a otro ciego. Y hasta explica cuál puede ser la consecuencia de semejante error. El discípulo puede llegar a ser como su maestro.
Sin embargo, después de emitir su pensamiento con ocasión del juicio de la mujer adúltera, después de enseñar en la parábola de la viga y de la paja la debilidad de juicio de toda criatura humana, podría creerse que así y todo no prohíbe dirigirse a la justicia de los hombres para protegerse contra los males; pero eso es inadmisible. En el Sermón de la Montaña, dice a la multitud Y si alguien quiere armarte pleito y quitarte la túnica; déjale también la capa.
Así, pues, en general, niega los tribunales. Pero tal vez no hablara Jesucristo más que de las relaciones personales de cada hombre con los tribunales, sin negar por ello la justicia, y admitiera, en una sociedad cristiana, individuos que, en corporación constituida, juzgasen a los demás. Mas veo que eso es también inadmisible. Jesucristo, en su oración, exhorta a todos los hombres sin excepción a que perdonen, para que sus culpas les sean perdonadas igualmente, y esa idea la expresa varias veces. Cada cual, al rezar y antes de aportar su ofrenda, debe perdonar a todo el mundo.
Luego si un hombre, según su religión, debe perdonar constantemente a todo el mundo, ¿cómo puede juzgar y condenar? Por consiguiente, según la doctrina de Jesucristo, un juez cristiano no puede condenar.
Tal vez se crea que al decir Jesucristo: "No juzguéis" no pensaba precisamente en las instituciones judiciales. No hay nada de eso. En Mateo y Lucas, antes de decir: no juzguéis, dice: no hagáis resistencia al malo, sufrid el mal, haced el bien a todos. Antes, segur Mateo, repite los términos de la antigua ley criminal hebrea: "ojo por ojo, diente por diente". Tras ese recuerdo de la ley criminal, añade: pero vosotros no obréis así; no opongáis resistencia al malo, y añade luego: no juzguéis de ningún modo. Así, Jesucristo habla precisamente de la ley criminal humana y la reprueba con las palabras: "No juzguéis."
Además, según Lucas, no sólo dice: no juzguéis, sino: no juzguéis ni condenéis. No en vano añade esas palabras cuyo sentido es casi el mismo. Quiso precisar el sentido que conviene atribuir a la primera palabra.
Si hubiera querido decir: no juzguéis al prójimo, hubiese añadido esta palabra; pero añade la palabra que se traduce en ruso por: "no condenéis" y después dice: "Y no seréis condenados, perdonad, y seréis perdonados." A pesar de eso, tal vez no pensase Jesucristo en los tribunales; acaso sea yo quien encuentre mi idea en esas palabras, que tienen otro sentido. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com