Con los turcos en Palestina (fragmento)Alexander Aaronsohn

Con los turcos en Palestina (fragmento)

"Así se fueron sucediendo los días de nuestra formación, en medio de una rapidez monótona hasta el advenimiento de aquella fatídica mañana del mes de diciembre, cuando recibimos la noticia de que Turquía estaba a punto de aliarse a Alemania. Teníamos informes de dos tipos. Las copias de los telegramas enviados desde Constantinopla, impresas en árabe, se distribuyeron entre nosotros, aludiendo a un sinfín de victorias germanas. Sin embargo, era evidente que movían a cierta hilaridad dado que provenían de una Agencia de prensa prusófila, suscitando nuestro escepticismo a la hora de dar crédito a los éxitos teutones. Para nosotros, nacidos y criados en el Este, el éxito de la propaganda alemana en el Imperio otomano no resultó una sorpresa abrumadora, pero sí que nos sorprendió su plenitud.
Podría ser de interés deducir lo que se infiere de ello en relación a la propaganda que nos ha llegado aquí, al territorio palestino, a base de una fuerte y eficiente organización a lo largo de veinte años.
Para la cristalización de sus sueños imperialistas, Alemania necesitaba a Palestina. Era la clave absoluta de la situación en Oriente. No fue una simple coincidencia la llegada del Káiser a Damasco en el mes de noviembre de 1898 -el mismo mes que Kitchener, en Londres, fue vitoreado como vengador de Gordon-, cuando pronunció su famosa frase en la tumba de Saladino: "Dile a los trescientos millones de musulmanes que yo soy su amigo". Disponemos de todas las fotografías de la figura imperial, envuelta en un increíble albornoz de su propio diseño, mientras se movía de un punto a otro en esta portentosa visita: es posible que también supusiera un festejo de la correspondencia diplomática que representa esta misma figura imperial el hecho de verle cabalgar en Jerusalén. "



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