Del amor, la mentira y la persuasión... (fragmento)Sebastià Serrano

Del amor, la mentira y la persuasión... (fragmento)

"Si los primeros organismos unicelulares eran ya minúsculos paquetes de información, hoy hemos pasado a habitar en un verdadero cerebro planetario donde cada individuo actúa como una neurona más o menos eficiente. Ha sido un fantástico viaje por los sinuosos caminos del tiempo, y sólo ahora empezamos a vislumbrar sus claves.
La vida misma, la dicotomía sexual, el cerebro, los impulsos emocionales, la conciencia, el amor o el lenguaje son fenómenos que emergen como resultado de turbulencias singulares en sistemas que admiten saltos internos a un orden más elevado de complejidad, desviaciones que probablemente nacen para neutralizar un grado considerable de incertidumbre en determinadas áreas de la red. Sí, el motor de arranque en la maquinaria evolutiva es la fragilidad generada por la indeterminación. Si los pequeños desajustes pueden ser absorbidos, las grandes turbulencias no digeridas dan lugar a las condiciones que posibilitan la aparición de una nueva estructura más rica y compleja. De ahí que los trastornos sectoriales de un sistema sean fábricas de oportunidades para el conjunto. Pero no debemos olvidar que todo aumento de la complejidad va acompañado por un aumento paralelo de la fragilidad.
Lo anterior parece contradecir la segunda ley de la termodinámica, que explica el sentido de los procesos irreversibles y la tendencia general al desorden en sistemas cerrados donde no hay aportación externa de energía: el calor pasa del objeto más caliente al más frío (nunca al revés) hasta que se alcanza un "estado de equilibrio térmico". La energía (que, como sabemos, ni se crea ni se destruye) simplemente se ha redistribuido. La entropía mide esa distribución aleatoria. Como su incremento está certificado, las tazas de café se enfrían, las estrellas se apagan y el universo se irá al garete si Dios no lo remedia (desde fuera). La materia viva no es, por supuesto, una excepción: de hecho, muere. Esa tendencia universal es penosamente inexorable, pero mientras llega el apocalipsis se producen constantes transferencias de energía entre los innumerables sistemas abiertos que forman el submundo orgánico (lo mismo ocurre, por cierto, en el inorgánico: de ahí que apareciese la vida). El metabolismo mantiene el orden mientras dura, sólo hay que poner la taza de café en el microondas. El sexo, el amor o el lenguaje son "energías externas" que nos alejan provisionalmente del lastimoso equilibrio entrópico, que contrarrestan la afición termodinámica al desorden. Gracias a refinadas estrategias de feedback (es decir, a refinadas aportaciones de energía) se conservan los viejos estados biológicos y surgen otros mejor adaptados a sus entornos. En ellos, sin embargo, volverá a crecer la hierba de la incertidumbre que dará lugar a nuevos disturbios y, por esa vía, a nuevas estructuras con nuevas complejidades. "



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