Crematorio (fragmento)Rafael Chirbes
Crematorio (fragmento)

"Él oye las pisadas acercándose por el pasillo. Antes lo había oído hablar con Javier en el jardín, así que, cuando entra, tiene ya la frase preparada: Sí, estoy borracho, ¿qué quieres?, ¿qué quieres que le haga? De alguna manera tenía que ayudarme a pasar la mañana. Juan lleva en la mano un par de libros que le ha traído para que los firme porque se los quiere regalar a un compañero con el que ha estado estos días en El Escorial. Los deja sobre la cama antes de abrazarlo. No es un abrazo largo, dura sólo un momento. Enseguida empiezan a charlar, evitando que la conversación recaiga sobre Matías. Federico firma libros: ¿No ves?, le dice a Juan, esgrimiéndolos, escribes un libro para estar cerca, para que te quieran; para que te pongan junto a la cabecera de la cama cuando se acuesten, en la mesilla; que te sostengan entre las manos por la noche mientras el sueño los vence, pero ocurre justo al revés. Que cada libro te deja más solo. Que tú también los quieres menos a ellos después de cada libro. Lo dice mitad en serio mitad en broma, al tiempo que le propone un trago de Whisky. Abre el cajón de la mesilla, saca la botella de JB, se sirve otro medio vasito, vuelve a guardarla, pero luego, como si de repente se diera cuenta de algo en lo que no había pensado, la saca otra vez y se va con ella en la mano. Ahora sí que es capaz de moverse, de salir, de bracear mientras habla, de dar manotazos. A la vuelta, sólo trae el vaso de Juan lleno hasta más de la mitad. La botella ha debido dejarla en algún escondrijo. Controlan, dice, guiñándole un ojo, los policías controlan. ¿No traes el magnetofón? ¿Hoy no trabajamos? Apunta esto: Yo buscaba la salud, la honestidad. Tenía la impresión de que salud y honestidad eran la misma cosa, y yo, con mi torpe cuerpo, sin gracia ni fuerza, enfermizo, buscaba la honestidad a través de la salud, creía que formaban parte del mismo campo semántico, porque mi falta de fuerzas me parecía una forma de pecado de la que tenía que purificarme, de la que otro tenía que purificarme. Rubén, tu suegro, era la salud. Creo que, siendo un podrido viejo, aún sigue siendo la salud. Sólo que ahora ya no tengo claro que me guste la salud. Me ha costado mucho tiempo darme cuenta de que la salud es el fruto de una cadena de actos de depredación. Eres sano, porque tus antepasados se han comido felizmente a otros, porque tú te has comido cuanto ha caído en tus manos, porque vas a lo tuyo, cuidas tus procesos digestivos, rehúyes cuanto no te alimenta, todo lo que perjudica tus digestiones. Cadena trófica. El ascetismo sin Dios es la nada, es el sadomasoquismo, la vida sin el espectáculo de la vida no es nada: energía, voluntad para seguir viviendo es lo que hace falta, y esa fuerza parece irremediable sacarla de comerse a otros. Sólo de comer carne saca uno sangre. La naturaleza no ha inventado otro método de nutrición, digan lo que digan los vegetarianos. "


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