El conquistador español del siglo XVI (fragmento)Rufino Blanco Fombona

El conquistador español del siglo XVI (fragmento)

"En España no falta, por de contado, quien se deje arrullar, en este punto, por muy dulces quimeras. Don J.M. Salaverría, redactor de ABC, no vacila en presentarnos unos conquistadores idílicos, grandes señores desinteresados, magnánimos, o excelentes muchachos generosos, incapaces de una expresión vulgar ni de un sentimiento grosero. "Concurso de brillantes guerreros", los llama: "pobres y esforzados aventureros", "aventureros y corajudos hidalgos", "imaginativos conquistadores". "Como ellos -es decir, como los hermanos de Santa Teresa- marchan innumerables hidalgos y caballeros y ya hemos visto de qué manera estaban criados los hermanos de la Santa. Los que marchaban a la aventura con el alma menos limpia, los intemperantes y los crueles, ¿pueden tomarse como ejemplos típicos del conquistador? En toda empresa levantada no es el malo quien da el tono, sino el bueno".
¡Magnífica filosofía! Los conquistadores no pueden quedar mejor descaracterizados. Son hombres buenos, hermanos de santas, quizás santos ellos mismos. Y se censura a sus censores. Ahí hemos llegado.
A este fraterno instinto de una raza dispersa que se está buscando a sí propia, hasta en sus personalidades más discutidas, únense voces extranjeras, menos desinteresadas e idealistas.
Los yanquis, por ejemplo, estudian ahora con ahínco, y a veces con fortuna, la historia, la literatura, la lengua y, hasta donde pueden, la psicología de los países de Hispanoamérica, the other americans.
Remontándose a los orígenes de aquellos pueblos curiosean, y aplauden con frecuencia, la epopeya, mitad odisea, mitad Ilíada, de los homéricos conquistadores.
Nada de extraño que Yanquilandia los aplauda. ¿No descubren en ellos, aunque empleada de otra forma, aquella energía dinámica que caracterizara a los sobrinos del Uncle? Además, si España tiene a los conquistadores, Yanquilandia tiene a los bucaneros. Desacreditar a los unos -como venía haciéndolo hasta ahora-, resulta de rechazo atentar contra los otros. La conveniencia indica más diplomáticos procedimientos. Ya insinúa el Uncle Sam, por medio de libros adecuados, que los polluelos del águila boreal debieran volar sobre los pasos de aquellos adalides que, desde los ríos Arkansas y Colorado hasta el Estrecho del Portugués y los hielos de Patagonia, se adueñaron, por derecho bismarckiano, de las tierras del hombre rojo.
Mera equivocación de tiempo y raza. "



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