A modo de sonata (fragmento)Alfredo Conde

A modo de sonata (fragmento)

"Abrió la carta del olor adivinado y, en la misma letra de la del inopinado papel del aperitivo, leyó de corrido «Rodolfito Creucer, conocido como Leoncio Rubio, conocido también como Rabirio el del Pico de Oro, era gente muy bien vista por los alrededores de la Limia, de la Alta y de la Baja, e incluso en la inundada ciudad de Antioquía, la de las campanadas dulces como azotes de rama de abedul o de la tibia brisa del otoño, que lo mismo da, Leoncio Rubio, por mal nombre Rabirio el del Pico de Oro y por bueno Rodolfito Creucer, tenía una pena: sabía que nunca sería capaz de subir a los árboles que amaba; pero, por lo demás, ya no era un escéptico de los de carné.» El corazón le golpeaba en el pecho, cosa mala, y dejó, entonces, que el olor entero lo embriagase. Lo encontraron no exactamente en la laguna de Antela, sino más bien en un charco pequeño que formaba parte de ella, pero que estaba perfectamente diferenciado. Alguno pensó que había resbalado y caído al agua cortándosele la digestión; pura y simple interrupción de un proceso de reacción química, una hidrocución o cosa así. Pero no se sabe con certeza qué fue lo que lo llevó a aquel charco apartado en el que, desde niño, había sospechado siempre, según dicen sus amigos, que comenzaba el camino que lleva a la ciudad de Antioquía, la de las campanadas dulces como besos, que suenan en su fondo gris de agua gris, ciudad encantada, en la que, desde hacía muy poco, desde que ya mediada la noche, cuando había dejado de ser, definitivamente escéptico, creía. También se dijo que allí había ido para ver si el sueño volaba por encima o por debajo del milagro, solo o acompañado, en vuelo rasante por encima de la superficie del agua, ese espejo, y de esta o de aquella parte de la química. Cómo tal cosa se llegó a sospechar, nunca se supo. "


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