Danza de espejos (fragmento)Lois McMaster Bujold

Danza de espejos (fragmento)

"Fuera porque así estaba planeado o por perversidad, lo cierto fue que Iván lo llevó al museo primero. La muestra ocupaba toda un ala y estaba dedicada a las armas y armaduras de los Vor desde la Era de Aislamiento hasta el presente. Como militar de uniforme, Iván pasó gratis y pagó escrupulosamente la entrada de Mark con unas pocas monedas. Para disimular, o no decir quién era, supuso Mark, porque los miembros de la casta Vor también entraban gratis, le explicó Iván en un susurro. No había ningún cartel que lo dijera. Si uno era Vor, se suponía que lo sabía.
O tal vez era una burla sutil de Iván, un comentario sobre la identidad de Mark como Vor, o su falta de ella. Iván hacía el papel de patán de clase alta con el mismo esmero con el que hacía de teniente imperial o cualquier otro papel que le pidiera su mundo. El verdadero Iván era más difícil de conocer, supuso Mark; no debía subestimar su sutileza ni confundirlo con un tonto.
Así que iba a conocer a un hombre. ¿Qué hombre? Si era otra sesión de informaciones de SegImp, ¿por qué no en la Casa Vorkosigan? ¿Era alguien del gobierno o del partido de Coalición Centrista del conde Aral? Pero entonces, de nuevo, ¿por qué no habían ido a verlo a la casa? Iván no podía estar preparándolo para un asesinato: los Vorkosigan habrían podido matarlo en secreto en cualquier momento. ¿Tal vez lo llevaban a una trampa, lo estaban poniendo en el lugar exacto para acusarlo de un crimen? Por su mente pasaron ideas aún más extrañas. Todas tenían en común la total falta de motivación y de lógica.
Mark fijó la vista en un conjunto de espadas de doble filo colocadas en hilera sobre una pared, una demostración de la evolución del arte barrayarano de la forja en dos siglos. Luego se apresuró a seguir a Iván, que lo esperaba frente a una caja de armas de tipo del proyectil impulsado con elementos químicos: los cargadores muy decorados, del tipo de los de freno de boca de fuego, gran calibre, habían pertenecido en otro tiempo al emperador Vlad Vorbarra, según la tarjeta explicativa. Las balas eran peculiares porque estaban hechas de oro macizo, esferas del tamaño del dedo pulgar de Mark. A poca distancia, el impacto de una de ellas sería como de el un ladrillo lanzado a velocidad terminal. A lo lejos, seguramente no daban en el banco. ¿Qué pobre campesino o artesano había recibido el trabajo de ir por ahí recogiendo las balas perdidas? ¿O peor todavía, las balas que habían matado a alguien? Muchas de las balas brillantes de la exposición estaban aplastadas o deformadas y — Mark se interesó mucho en eso — una de ellas iba acompañada de una tarjeta que informaba que esa bola brillante y deformada había matado a Lord Vor Talycual durante la batalla de Talycual... y la habían «extraído de su cerebro». Después de la muerte de la víctima, suponía Mark. Suponía y esperaba. Le sorprendía que alguien hubiera limpiado la suciedad de la bala antes de montarla, dada la sangrienta morbosidad de algunas otras piezas de la muestra. Por ejemplo, el cuero cabelludo curtido y curado del Emperador Loco Yuri, cedido por alguna colección privada del clan Vor.
—Lord Vorpatril. — No era una pregunta. El hombre que hablaba había aparecido con tanto sigilo que Mark ni siquiera sabía de dónde había venido. Estaba vestido discretamente, era inteligente y maduro y parecía un administrador de museo —. Venga conmigo, por favor.
Iván fue detrás del hombre, sin formular preguntas ni hacer ningún comentario. Hizo un gesto para que Mark pasara delante, y éste trotó entre los dos para mantener el paso, intrigado a la vez que nervioso.
Pasaron por una puerta de la que colgaba un cartel de «No se permite la entrada», que el hombre abrió con una llave mecánica y luego cerró tras ellos, subieron dos pisos de escaleras y caminaron por un corredor con suelo de madera, lleno de ecos, hasta una habitación que ocupaba el piso superior de una torre redonda en un rincón del edificio. En otro tiempo había sido un puesto de guardia, pero ahora estaba amueblada como una oficina, con ventanas comunes en las paredes de piedra en lugar de los huecos altos para lanzar flechas. Un hombre les esperaba dentro. "



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