Ciencias morales (fragmento)Martin Kohan

Ciencias morales (fragmento)

"La espera una nueva postal de su hermano en la mesa del comedor, remitida desde Bahía Blanca. Dice solamente: Francisco. La madre, que últimamente sólo llora de a ratos, esta vez sí la ha leído y dice que no comprende por qué el hijo escribió nada más que esa cosa tan escueta.
María Teresa se lo explica con una vaga consideración sobre la falta de tiempo y el costo de las palabras (la madre sabe que se trata de una postal, y no de un telegrama, pero prescinde de replicarle nada). La imagen impresa en la cartulina no pertenece, sin embargo, a Bahía Blanca, como si la ciudad careciera de lugares de interés que justificaran la impresión de postales alusivas. O quizás existen, y Francisco las desechó. Lo cierto es que la postal que ha remitido, aunque la despachó en Bahía Blanca, corresponde en verdad a un balneario cercano que se llama Monte Hermoso. El orgullo de los lugareños es que se trata de la única localidad de la Argentina en la que el sol tanto nace como se pone sobre el mar. La postal lo demuestra dividiéndose en dos mitades: en una se lee la palabra «amanecer», impresa sobre una vista de arena desierta y mar, con el sol asomando en el fondo; en la otra se lee la palabra «atardecer», impresa sobre la vista de una playa dorada donde dos mujeres, vestidas con trajes de baño notoriamente antiguos, miran la puesta de sol con expresión soñadora. Estas dos fotos, así ensambladas, aunque remitan a la trivialidad del verano y las vacaciones, terminan por recordarles, a la madre y a la hermana, lo que de todas formas ya sabían: que ahora sí Francisco se encuentra sobre el mar. No tan lejos, es cierto, y todavía dentro del territorio de la provincia de Buenos Aires; pero ya no en medio de la llanura, sino sobre la costa, más al sur y sobre la costa, verdaderamente en el borde del Atlántico.
-Nunca fuimos a Monte Hermoso, nosotros. Tus primos iban a veces, hace años.
-¿Los primos?
-Sí.
-¿Y les gustaba?
-Decían que sí, pero se quejaban mucho. Parece que el mar estaba siempre imposible de aguas vivas que picaban.
Poco después, la perspectiva se agrava. Puede que todavía llegue a la casa alguna postal de Monte Hermoso, sellada en Bahía Blanca. Pero será tan sólo una forma repetida del rezago. Francisco ya no estará ahí: lo van a trasladar. Con un solo cospel, que permite apenas una ráfaga de palabras, llama y avisa que lo suben a un avión y lo llevan más al sur.
Más al sur: a Comodoro Rivadavia. No, no, ya no es provincia de Buenos Aires, es la provincia de Chubut. Sí, sí, la Patagonia. No, no, no en los camiones, en un avión de la Fuerza Aérea que se llama Hércules.
Hércules, sí: Hércules. No, no, no sabe nada, nadie sabe nada. Sí, sí, a orillas del mar: justo frente al mar. "



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