Crónicas de la Casa Borgia (fragmento)Frederick Rolfe

Crónicas de la Casa Borgia (fragmento)

"En este momento histórico, Roma era el ojo y el cerebro del mundo y todos los augurios presagiados acerca de ella se habían tornado reales. Durante muchos años, desde los primeros signos de actividad musulmana, los fugitivos de Bizancio descendieron sobre las costas transalpinas. La gloria de Grecia había sido adquirida por la Roma Imperial. La grandeza de Roma había superado el esplendor bizantino, trasladado a la Roma cristiana. Cuando el peligro se hallaba en ciernes, cuando se vislumbraba la tensión incipiente, los académicos y diestros en las diversas ciencias huyeron hacia el oeste con todos los tesoros de su trabajo, dándoles Italia la bienvenida a aquellos genios trascendentes e iluminados, que encontraron un hogar adecuado para continuar con su aprendizaje y sus habilidades culturales. Prevalecía el gusto por lo literario. Era el tiempo de la adquisición. "El toscano apenas era conocido por los italianos, pero el latín se extendía a lo largo y ancho del mundo", decía Filelfo. Saber griego era testimonio de erudición y los sabios helenos más distinguidos fueron invitados a Italia. No plenamente satisfechos con los códices y obras clásicas de la antigüedad que éstos llevaban consigo, los Príncipes y patricios italianos enviaron embajadas a Bizancio, en busca de manuscritos, inscripciones, gemas talladas, bronce y mármol. Las sortijas, engastes, collares y otros boatos adornaban a senadores venecianos, señores florentinos y cardenales de la curia romana. Habían descubierto que el cuerpo de un hombre es un milagro de belleza divina, cada músculo una alegría tan dichosa como la contemplación de las estrellas o las flores. Maese Filippo Brunelleschi, que afirmaba que su figura de Cristo era un crucificado contadino, erigió la maravillosa cúpula de Florencia. Para Eugenio P.P. IV, maese Antonio Filarete talló los raptos de Leda y Ganimedes en las grandes puertas de bronce de San Pedro. Maese Lorenzo Ghiberti modeló las maravillosas puertas del Baptisterio. Maese Simone Fiorentino (llamado Donatello), dispuso en el muro norte de Orsanmichele su soberbio San Jorge en mármol; y los reinos de Aragón, Nápoles, las dos Sicilias y Jerusalén. "


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