Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (fragmento)Camilo José Cela

Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (fragmento)

"Ya se veía la raya de chopos que marcaba el Yeltes con toda claridad, cuando descubrieron mis ojos un hombre despiojándose sobre una piedra, desnudo de medio cuerpo y tan flaco que semejaba ser espejo de la muerte o anuncio del hambre.
Parecía absorto en su ocupación, y como no daba muestras de querer acabar en todo el día, preferí interrumpirle y presentarme yo solo sin esperar a que él pudiera verme.
-Buenos días -le dije- nos dé Dios a su merced y a mí. No quiero hacerle molestia, y sí sólo que me admita a mirar cómo mata los piojos, si esa es su voluntad.
-Sí, hijo -me respondió-, quédate a lo que quieras, que si no me molestas tan bien me he de llevar contigo como con todos mis semejantes. No me llames su merced, que no me gusta, y alcánzame aquel pañuelo que el viento se quiere llevar. ¿Amas la naturaleza y sus encantos?
-Sí, señor; las dos cosas.
-¿Y los ríos rumorosos llenos de sabrosas truchas?
-También; sí, señor.
-Veo que eres joven de fino espíritu y que conmigo has de congeniar. ¿Tienes familia?
-No, señor.
-Mejor para ti, que así no la pierdes. Yo tuve mejor que acabó loca y tiró para el monte.
-¡Vaya por Dios!
-No, hijo, mejor hemos de decir "¡Vaya con Dios!", y no apartarnos de las orillas de los ríos. ¿Amas la paz del alma?
-Sobre todas las cosas, señor. "



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