Cuando cae la noche (fragmento)Michael Cunningham

Cuando cae la noche (fragmento)

"Habrá que tomarlo por un sí, porque por lo visto no tiene nada más que decir sobre el asunto. Dizzy sigue viendo pasar el desolado paisaje, y Peter se pregunta si, a pesar de parecer tan ensimismado, no estará exhibiendo ante Peter su perfil de firme mandíbula y nariz romana. ¿Qué es..., tres años mayor que Bea? Aparente treinta.
Bea niña perdida, llena de rencor resabiado, con las uñas mordidas, envuelta en ese suéter peruano barato que te ayuda a sobrevivir en un apartamento sin calefacción, tú y yo sabemos que en parte me odias porque te has convencido de que te hice creer que no eras lo bastante guapa. No se lo hemos dicho a nadie, ni siquiera lo hemos hablado entre nosotros, pero los dos lo sabemos, ¿verdad? Lo hice lo mejor que pude, pero sí, fruncí el ceño al ver los leotardos amarillos que tanto te gustaban cuando tenías cuatro años, y acogí con frialdad la propuesta que hiciste a los siete de decorar tu cuarto en blancos y dorados y, sí, es cierto que no me gustó el collar de plata estilo art nouveau que te compraste en la feria de artesanía con tu dinero, tu primera compra independiente. No compartí tus gustos y, aunque nunca dije nada -intenté no ser un monstruo, te lo aseguro-, teníamos telepatía y siempre lo supiste. Y más tarde, cuando se te ensancharon las caderas y se te llenó la cara de granos, te juro que no dejé de quererte por tu falta de garbo adolescente, pero ya era demasiado tarde, ¿verdad?, me precedía mi reputación y no había nada que pudiera hacer, ninguna atención que pudiese tener, ni ninguna muestra de afecto que sonase convincente. Si había odiado esos leotardos color pis y la cama de princesa con dosel blanco, ¿cómo iba a querer a mi propia hija ahora que se le había encrespado el pelo y su cuerpo, al llegar a la pubertad, había activado un fragmento hasta entonces durmiente de ADN (mío, Bea, tu madre no desciende de lecheras y leñadores) que mucho antes de tu catorce cumpleaños ya decía de manera inevitable y carnal: prosaica, fiable, grandes pechos y caderas de buena paridora? Tus padres son esbeltos y atractivos y tú, por alguna jugarreta de la genética, no. "



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