El monte análogo (fragmento)René Daumal

El monte análogo (fragmento)

"Los hombre huecos viven en la piedra, se pasean por ella como cavernas móviles. Se pasean sobre el hielo como burbujas de forma humana. Pero no se aventuran por el aire, pues se los llevaría el viento.
Poseen casas en la piedra, cuyas paredes están hechas de agujeros, y carpas en el hielo cuya tela es de burbujas. Durante el día permanecen dentro de la piedra, pero de noche vagan por el hielo y bailan a la luz de la luna. Jamás ven el sol, pues de hacerlo explotarían.
El vacío es su único alimento, comen la forma hueca de los cadáveres y se embriagan de palabras huecas, de todas las palabras huecas pronunciadas por nosotros.
Hay quienes dicen que desde siempre han sido y por siempre serán. Y hay quienes dicen que son muertos. Y también están los que opinan que cada ser viviente posee su hombre-hueco en la montaña –en la misma forma en que la espada tiene su vaina, el pie su huella- y que al morir se juntan y forman uno solo.
En la aldea de las Cien-casas vivían el viejo sacerdote-mago Kissé y su mujer Hule-hulé. Tenían dos hijos, dos mellizos que en nada se diferenciaban, llamados Mo y Ho. Hasta su madre los confundía. Para reconocerlos, el día en que se les impusieron sus nombres, le colocaron a Mo un collar con una crucecita y a Ho un collar con un anillito.
Una onda preocupación aquejaba al viejo Kissé. Según la costumbre, debía sucederle su hijo mayor. Pero, ¿Cuál era su hijo mayor? ¿Acaso lo tenía siquiera?
Al llegar a la adolescencia, Mo y Ho ya eran montañeses hechos. Se los apodaba “los dos Todo-atraviesa”. Un día su padre les dijo: “A aquel de ustedes que me traiga la Rosa-Amarga le transmitiré la gran sabiduría.”
La Rosa-Amarga se halla en la cima de los picos más elevados. Y el que come de ella, en cuanto quiere decir una mentira grande o chica, siente un terrible ardor en la lengua. Aún puede mentir, pero queda advertido. Algunos han visto a lo lejos la Rosa-Amarga: cuentan que se parece a un enorme liquen multicolor o a un enjambre de mariposas. Pero nadie ha conseguido nunca arrancarla pues el menor estremecimiento de temor cerca de ella la asusta y se esconde entre las rocas. Y, aunque se la desea siempre se teme un poco poseerla, y entonces desaparece de inmediato.
Al hablar de una acción imposible o de una empresa absurda, se dice: “es como querer ver la noche en pleno día” o bien: “es como querer iluminar al sol para verlo mejor”, pero también puede decirse: “es como querer conseguir la Rosa-Amarga”. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com