El paseo de Rostock a Siracusa (fragmento)Friedrich Christian Delius

El paseo de Rostock a Siracusa (fragmento)

"Se encuentran en el jardín del club náutico, el redactor se presenta con chófer, fotógrafa y grabadora, y tiene muchas, muchísimas preguntas. Paul cuenta con detalle sus motivaciones, no dice nada sobre la ruta de la fuga y poco de los preparativos. El redactor propone llamar a Helga en Rostock. —Paul, ahora no puedo hablar contigo, el piso está lleno de gente —son las únicas palabras de Helga antes de colgar. —¡Espera! —dice Paul, pero es demasiado tarde para pedir que se ponga al teléfono un agente de la Stasi a fin de explicarle sus sinceros propósitos. El sábado, en Lübeck y alrededores puede leerse una historia más larga del camarero de Rostock que quiere viajar a toda costa a Italia. La foto lo muestra al teléfono.
No hay nada erróneo en el articulo, aunque Paul considera terrible el lenguaje de los alemanes occidentales, sobre todo le irrita que hayan tergiversado su «viaje de formación y peregrinaje» con un «viaje de ensueño». Pero lo más importante está impreso: que quiere ganar dinero, ir a Italia, hasta Siracusa, y regresar a Rostock. Compra cinco periódicos para comunicar sus intenciones a los cargos competentes, envía un recorte a la Representación Permanente de la RDA en Bonn, uno a la dirección en Berlín de Egon Krenz, el miembro del Consejo de Estado, uno al abogado de Rostock. En la calle, algunas personas lo reconocen y lo saludan, incluso dos policías que van con un remolque. Gompitz los para sin más y les pide que trasladen su embarcación desde el muelle de Escandinavia hasta el club náutico. Para los policías es un honor ayudarlo. Los más amables son la gente del hotel, sólo le cobran 32 marcos por día después de que la República Federal Alemana pagara la primera noche a través de la policía de fronteras, una habitación en la buhardilla con baño compartido en la planta. A Paul, el bufé del desayuno le parece un despropósito: se puede coger lo que se quiera, todo incluido en el precio. Pero poco a poco se da cuenta de que sale más caro servir uno a uno y controlar constantemente la mercancía, hacer la cuenta y acomodar a los clientes. Comienza a pensar en las ventajas de un negocio familiar frente a la hostelería en una economía planificada. Una camarera que por la noche entre en la cocina y le prepare un bocadillo al cliente es impensable a unos kilómetros más allá de la frontera. Las cinco personas de aquí trabajan más eficazmente que doce personas en un hotel similar de la RDA. Paul paga, les estrecha la mano a todos y el sábado al mediodía prosigue el viaje hacia Hamburgo. "



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