El grito (fragmento)Antonio Montes

El grito (fragmento)

"Viernes, abril, todos se ponen en camino. El marido apenas tarda en llegar cinco minutos desde su trabajo.
Los otros dos hijos de la muerta viven a una hora de carretera, estarán aquí antes del mediodía. A esperar que esa mujer, apenas fantasma de sí misma, deje de respirar.
Y será el sábado, amaneciendo, cuando se pare el corazón de la anciana. Y la sobrina grita, avisando. Todos corren al pequeño dormitorio apenas caldeado por una estufa eléctrica que ha estado toda la noche conectada, brillando de un modo irónico desde un rincón.
Un tropel de pasos por el pasillo, las voces que no saben qué decir, los cuerpos que se van amontonando en la pequeña habitación, la hija es la única que se acerca al cuerpo sin vida, la mano recorre el rostro, la boca abierta, los ojos de repente hundidos entre los pliegues de la piel viejísima. Ochenta años cumplió la muerta el pasado noviembre. Los primeros lloros, no demasiados. El nuevo día distinto ya para siempre, fecha que se dibujará en el mármol de una tumba. Hace frío.
El hermano mayor se levanta al oír el grito, despierta al otro muchacho tocándole en un hombro, sin decir nada. Salen los dos del dormitorio que comparten desde que la anciana vino a vivir a esta casa. Esa anciana ha muerto, pronto dejarán de dormir juntos. No saben si alegrarse por ello, los hermanos.
La sobrina sale del cuarto, llorando. Va a la cocina, llena un vaso de agua y se lo bebe despacio, intentando deshacer el nudo que le araña por dentro la garganta.
Por supuesto, no lo consigue. Deja el vaso en el fregadero y empieza a recoger la mesa que han dejado a toda prisa los que ahora velan a la muerta. Tira las tostadas que nadie se ha comido al cubo del perro, debajo de la pila de lavar. Hace un gurruño con las servilletas de papel usadas y lo arroja a la basura. "



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