El evangelio del Tíbet (fragmento)Álvaro Bermejo

El evangelio del Tíbet (fragmento)

"¿Y qué sabía de Tara, a fin de cuentas? ¿Sabía si le quería o no? ¿Sabía qué había dentro de sus besos? ¿Amor, mentiras, angustia, un simple juego? Qué casualidad que precisamente la noche anterior hubieran jugado a eso. Al menos ya no tenía que volver a preguntarle por qué le quería. Dieter Kupka había respondido por ella.
¿Tiene Tara algo de culpa? —se pregunta Manuel en su cuaderno, unas cuantas páginas más adelante—. No sé, ahora la recuerdo haciendo el amor conmigo y puedo imaginarla perfectamente así, absorbiendo toda mi fuerza vital a través del sexo, como los súcubos de las leyendas medievales, como un verdadero vampiro. Sin embargo, aunque fuera cierto, no es eso sino su engaño lo que me duele, el engaño y la burla. Cuanto más viejo eres no te vuelves más duro, te vuelves más vulnerable. Debe ser esta la razón por la que me resisto tanto a creerlo. ¿Y si, después de todo, Tara me quisiera de verdad, pese a estar siendo utilizada por los lamas como un instrumento de control sobre mí?
Siguen unas líneas tachadas, ilegibles, hasta el final del párrafo. El siguiente comienza con un giro desconcertante:
Pobre Tara. Pobre Naropa. Pobre Kupka. Valientes conspiradores. No saben que la conjetura que se afianza en mi mente de día en día no tiene nada que ver; ni con lo que temen, ni con lo que esperan de mí. El primer fragmento de la losa me hizo sospechar que su contenido era algo extraordinario. El tercero ha superado todas las expectativas. Ya no se trata del gran Buda anunciando a su sucesor. Este tercer extracto lo cambia todo, y lo que puede salir de aquí es una revelación cien veces más explosiva que la que surgió de Qumrán. Lo reconozco, tengo miedo, quizá no debería seguir adelante.
¿A qué se refería? ¿Qué había descubierto? ¿Qué revelación tan extraordinaria podía ser aquella para que un hombre como él la considerase «cien veces más explosiva que la que surgió de Qumrán»? A Manuel Nájera le fascinaban los desafíos, los misterios indescifrados, los enigmas sin respuesta. Pero en ocasiones, cuando comenzaba a entrever la solución, su respuesta era desaparecer, precisamente para que siguiera vivo el enigma. Es la única explicación que encuentro a los hechos que sucedieron después. "



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