El colérico (fragmento)Dominique Rolin

El colérico (fragmento)

"Durante los primeros meses de 1558, me sumergí literalmente en el trabajo. El eufórico, trágico y alegre diablo -que podría pasar por mi hermano gemelo, un doble, sangre de mi sangre- me mantuvo continuamente en la sima de un pozo. Allí el mágico universo de colores arremolinados me fue revelado. El material era turbulento, denso, magnético. Pieter Brueghel, entonces de treinta y cinco años, era yo mismo: primero debía dominar y luego articular estos luminosos torrentes que me habían sido dados, hablar, desde el otro lado del orbe, para controlar los ritmos en que se apoyaba mi técnica de dibujo, sintiéndome más segura en torno a ella, y orquestar los instantes de silencio o los brillantes arrebatos.
El mismo año, uno después de otro, compuse mi "Vista de Nápoles" y "La caída de Ícaro", mientras trabajaba en los retazos que darían lugar un año más tarde a "Los proverbios flamencos". Por extraño que parezca, me encontraba en un estado de continua alienación desde que me sentaba ante mi caballete. El diablo me repetía una y otra vez que hasta entonces mis dos mitades habían vivido separadamente. La exploración cromática me permitió fusionarlas, en otras palabras recuperar una unidad muy antigua, perdida indudablemente desde la infancia. Intuí todo esto cuando recogía mis pinceles y la paleta. Un campo extenso, un acantilado montañoso, la cabeza de un anciano, un racimo de flores, todas las sensaciones olvidadas de repente se hicieron presentes ante mis ojos. El fenómeno afectó más al sentido del tacto, del olor, del gusto, del oído que a la simple capacidad visual. Mi visión tenía tendencia a humillarse de buen grado en favor de la olorosa evocación de un brezal, el sabor de una manzana, el mugido de una vaca o el relinchar de un caballo. Por lo tanto, mis sentidos, atentos y felices, se cortejaban entre sí como si hubieran conocido misteriosamente que había un modo de crear una realidad más grandiosa. Porque si mi primera mitad gobernada por el ojo y la mano dominaba su creación, en contrapartida mi segunda mitad dudaba, sufría, se preocupaba y se enfurecía. ¿Cómo puedo estar seguro de ir por la senda adecuada, hermano? -dije a mi reflejo en el espejo después de una extenuante sesión de trabajo. "



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