Cachorro (fragmento)Tomás Salvador

Cachorro (fragmento)

"Luego, todo se acaba bruscamente. La televisión-cosa se apaga. Nosotras nos sobresaltamos. Yuán y Loli, hacen muá a sus padres y se marchan a sus cuevas en la parte de arriba. EL se marcha también, con un libro. ELLA se demora un poco más, arreglando las cosas, que es apagar la estufa, amontonar los sillones —porque dicen que yo los muerdo-, cerrar las puertas, recoger los papeles y cerrar, también, las luces. Y también se sube, al lugar prohibido, donde duermen. Yo he subido dos veces al lugar prohibido. ELLOS y los ELLOS-pequeños están dormidos, tapados con otras pieles. He escuchado su respiración y he tenido miedo, porque ELLOS, durmiendo, son diferentes, están como un poco muertos y ni siquiera nos oyen cuando gañimos abajo. Mi madre me llama enseguida desde abajo. Ella no sube, salvo que la llamen. A mí también me llamaron una vez. Estaban despiertos, pero en esa cosa que llaman cama. Mi madre meneaba el rabo y no estaba a gusto, pero yo me subí encima y les lamí, mientras ELLOS reían y me apartaban con sus zarpas.
Pero me estaba refiriendo a las largas horas de la oscuridad. Sí; son tremendas; nosotros no dormimos como ellos. Nosotros dormitamos, con las orejas tendidas a cualquier rumor, con el olfato siempre preparado. Los coches que pasan por la calle, el crujido de las maderas, el gotear del agua, las palabras-sonido de OTROS que pasan, el silbar del viento o el golpear de la lluvia, nos obligan a levantar la cabeza, tratar de comprender y luego, si puede ser bueno o malo para nosotras. Poco a poco, la habitación antes caliente se va enfriando. La alfombra que es nuestra cama es pequeña y nos duelen los huesos. Me rebujo en mi madre, que al poco se sobresalta y me sobresalta a mí. Ella busca una silla para tumbarse y yo no alcanzo. Me quedo sola, en el suelo. Tengo sed y busco a tientas el cuenco del agua. Llegan más sonidos. Coches, que pasan todas las noches, silbidos, algún perro. Duermo un rato y otro escucho. Oigo, también, arriba, el sonido de ELLOS.
Más tarde, un infinito más tarde, la luz comienza a entrar por la ventana. Apenas un resplandor, que poco a poco se va haciendo mayor. Es la hora de más frío. Y empiezan a subir los ruidos. Muchos coches, aunque ninguno es el de EL, que mi madre me ha enseñado a conocer. Jugamos un poco, sin ladrar. Vamos al pie de la escalera, para ver si bajan ELLOS. Algo más tarde, nos llega la esperanza. ELLOS no tardarán en bajar. Y escuchamos los ruidos de arriba, cuando ELLA se levanta y llama a los ELLOS-NIÑOS, y el rumor del agua. Y los pasos. Hace tiempo ya que esperamos. Baja ELLA y lo primero que hace es comprobar si me he hecho aguas y lo otro dentro. Si lo hice, me refriega los hocicos y casi no me importa, porque estoy contenta. Si no lo hice, nos abre enseguida la puerta del patio, para que lo hagamos. Planto mi río particular y vuelvo. Bajan Yuán y Loli, regañando, como siempre entre sí, o jugando, como mi madre y yo. La casa se llena de aromas fuertes y los cachorros humanos se sientan a comer. Siempre nos cae algo, como pan untado con algo amarillo y dulce, que me gusta mucho. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com