El rebaño ciego (fragmento)John Brunner

El rebaño ciego (fragmento)

"Ayer, Phelan Murphy se había mantenido apartado, con el corazón en un puño, mientras el hombre del gobierno discutía acerca del ganado con el doctor Advowson. Hacía mucho frío; era el invierno más frío y largo que se había producido en diez años. Los pastos estaban en terribles condiciones. Algunos estaban aún bajo la nieve caída en noviembre, y aquellos que se habían librado de ella estaban naturalmente pelados. Para mantener su rebaño vivo había tenido que comprar balas de heno y esparcirlas por los campos. Había sido caro, porque el terreno había estado en unas condiciones deplorables todo el último verano también. Algunos decían —el propio The Independent se había hecho eco— que la situación tenía que ver con el humo de las factorías cercanas al aeropuerto de Shannon.
Pero el hombre del gobierno había dicho que él no sabía nada de esto.
Hoy había vuelto, con soldados. El mercado de Balpenny no se celebraría. Habían traído grandes pancartas diciendo LIMISTÉAR CORAINTÍN y las habían plantado al lado de la carretera. Más vacas habían muerto aquella noche, con los vientres hinchados, la sangre brotando de sus bocas y narices, y había también manchas de sangre coagulada bajo sus colas. Antes de dejarles ir a la escuela, los chicos habían tenido que meter sus botas de caucho en bateas de lechoso desinfectante. El mismo desinfectante había sido rociado a los neumáticos del autobús escolar.
Los soldados tomaron palas y picos y empezaron a cavar agujeros en el helado suelo, mientras descargaban sacos de cal viva. Las vacas, demasiado débiles para intentar alejarse, dejaron que el hombre de la pistola apoyara sin problemas su arma en sus cabezas: bang. De nuevo, un minuto más tarde: bang. Y así. "



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