De Niro´s Game (fragmento)Rawi Hage

De Niro´s Game (fragmento)

"Tengo las manos sucias. Hasta los codos. Me he sumergido hasta la mierda y la sangre. Jean Paul Sartre.
Nadie, dije yo. Todos están vivos. George sólo está bebido y enfermo. ¿Dónde está él?
Abajo.
Nabila bajó las escaleras. Su mano apenas tocaba la rampa, medio desnuda y llena de miedo. Acarició las mejillas de George y besó las puntas de sus dedos.
Juntos le cogimos y le llevamos escaleras arriba. Nabila le limpió, le sacó la camiseta, los zapatos y los pantalones y le cedió su propia cama, cubriéndole con una vieja manta. Luego se sentó en el sofá y comenzó a llorar.
Estaba preocupada por él, ¿sabes? Cuando el teléfono suena tan tarde a menudo pienso que alguien ha muerto. Él tiene un arma. ¿Por qué lleva una pistola?
Es su trabajo. La necesita, dije yo.
Debería ir a la escuela. Yo pagaría sus estudios. Deja que regrese a la escuela.
Ella me ofreció café y yo acepté. Se acercó de puntillas a la cocina y vertió agua en el bastidor, asió una pequeña cuchara, el café, el azúcar. Hirvió el café tres veces, lo trajo en una bandeja de estaño y dejó reposar el resto como un elegante vino antes de verterlo para mí en una pequeña taza.
Yo sorbía el café mientras Nabila me miraba.
¿Está suficientemente dulce? Preguntó.
Sí.
El otro día leí la taza de George. Era tan oscura, tan sombría. Déjame leer la tuya.
No lo creo, susurré.
Tomó mi taza y miró en su interior. Vio olas, una tierra distante, una mujer y tres señales.
Las habituales creencias supersticiosas, dije.
¡No! Realmente lo veo. Ven aquí y mira. Éste es el camino, éste el mar y ésta la mujer. ¿Lo ves?
No, pero…
Ella olía como la noche. Deslicé mi mano sobre su rodilla.
Nabila sostuvo mi mano, la presionó, y la movió hacia mi pecho. No, Bassam, vuelve a casa. Besó mi mano como si fuera su propio hijo. Cuida de George, dile que regrese a la escuela. Tú también deberías regresar. Eres un chico elegante. Como un chico recitaste poemas con tu tío.”
“Cockroach”
Fragmento: “Me senté frente a Genevieve. Ella me sonrió. Ella tenía esa sonrisa cariñosa, tal vez piadosa, como si estuviera al borde de un orgasmo espiritual, como el de una monja casada con Jesús. Actualmente ella me hacía recordar a las monjas de mi niñez las cuales estaban casadas con el rebelde de Nazaret. Una en particular, la hermana Marie Josee, pasaba cada viernes por mi escuela para recoger dinero para los pobres. Y cada vez que nombraba a Jesús suspiraba y la misma sonrisa se dibujaba en sus labios. Aún podía escuchar el tintineo de su hucha metálica llena de monedas. Yo nunca le di dinero. ¿Por qué debería dar el pobre al pobre? –solía decir mi madre.
¿Todavía fumas? –me preguntó Genevieve.
Sí, siempre que tenga un cigarrillo, fumo, desde luego.
Estaba refiriéndome a las drogas. El análisis de sangre indicó que tomabas drogas. Es una información confidencial, pero te lo pregunto porque las drogas podrían estar relacionadas con los episodios que sufres algunas veces. ¿Fumas drogas?
Sí, cuando tengo dinero para comprarlas o alguien me las ofrece.
¿De qué tipo?
Hachís. Cocaína si tengo suerte.
Genevieve sepultó su portátil en su regazo y escribió algo. Dijo que debería ser cuidadoso con las drogas duras. Podrían ser como balas.
¿Por qué?
Episodios de desilusión o delirio. ¿Los has experimentado?
Yo permanecí tranquilo.
Deberías decírmelo.
No, nunca los he sufrido.
¿Estás seguro?
Sí. "



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