El libro de las sombras (fragmento)Don Paterson

El libro de las sombras (fragmento)

"El tiempo de mi vida adulta que he vivido el momento presente no abarcaría más que un día. Si tan sólo hubiera vivido ese día; éste hubiera derramado su luz sobre todos los otros como una lámpara en una oscura galería. En lugar de eso, guío mis pasos iluminado sólo por chispas y por lo que ellas brevemente hacen visible.
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Hay escritores para quienes ninguna forma existe: demasiado listos para la novela, demasiado escépticos para la poesía, demasiado verbosos para el aforismo. Lo único que les queda es el ensayo —el medio menos apropiado para ser escarnecidos. Terminan de críticos.
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No es nuestro amor lo que deseamos ver correspondido, sino nuestra necesidad. Podemos habituarnos a los desequilibrios de aquél (precedentes históricos y literarios inclusive proveen cierta nobleza y aura trágica). La necesidad no reciprocada, en cambio, al sufridor lo torna monstruoso, patético, vulnerable, un gigante en pañales.
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Extrañas ceremonias que nadie te dijo que tendrías que contemplar. La primera amante en morir en ti. Has hecho el amor a una muerta, los blancos miembros que estuvieron abrazados a ti hace tan sólo un año se están pudriendo en la tierra. La última vez has de haber dejado pasar algo desapercibido, algún signo, algún tono inicial de lo que devendría.
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El arte puede ser definido como la práctica de resolver problemas científicos sin usar el método de la ciencia. La distancia entre las estrellas es atravesada sólo por la imaginación artística; el ave del paraíso planea hacia la vida de las palmas de un marinero aburrido. La trisección del ángulo, empleando solamente un arco y dos compases, es, de acuerdo con la prueba irrefutable de Wantzel, imposible; la solución, por supuesto, es descartar los instrumentos y ejecutarla a mano limpia.
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Nos convertimos en nuestras profecías: el mero embarazo de haber confesado que dejaremos a nuestro amante nos da el coraje para hacerlo. Este ejemplo evoca un sistema más profundo desde las sombras. Debemos abrir la brecha antes de seguirla, el aire estancado con demasiada frecuencia se solidifica contra nosotros; en esas ocasiones, el dios dentro de nosotros mismos se adelanta, y nosotros seguimos el vacío de su paso en busca de la salvación. He ahí por qué la transición suele sentirse como un abandono. "



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