El hombre del brazo de oro (fragmento)Nelson Algren

El hombre del brazo de oro (fragmento)

"Encendieron la luz para hacerle ver que nadie la estaba esperando. Pero ella sabía que quienquiera que fuese quien allí habitara estaba escondido y volvería cuando se hubieran marchado, la luz se apagara y la puerta se cerrara tras ella. Un cuarto sin ventana ni puerta, un cuarto entre muchos otros cuartos sin alumbrar al anochecer, ni por el neón, ni por la luz de la luna, donde ni los ruidos de la ciudad, ni la querida voz de Frankie sonarían de nuevo para ella. Entró con la docilidad de los condenados.
Oyó cerrarse la puerta tras ella para siempre y algo se cerró en su corazón con la misma llave automática. Cuando miró a su alrededor desde donde estaba acostada, no pudo ver indicio alguno de la puerta: las paredes sin puerta eran una sola superficie pintada de blanco. Sus ojos siguieron buscando lentamente algún rincón donde pudieran descansar, pero la pared seguía a la pared haciendo una curva sin fin y no había sitio para que los ojos descansaran. Era como estar en un tiovivo pintado de blanco. Hasta que se le mareó el corazón y el cerebro y rodó dando vueltas, vueltas, vueltas...
La blancura se convirtió en un dolor suave en las pupilas y después en un peso en los párpados, hasta que el tiovivo fue parándose, parándose y sólo se movió al leve compás de las musiquillas sin tiempo del sueño.
Se despertó en una luz triste, con los rumores del anochecer abajo y oyendo gemir a un animalillo al otro lado de la pared. Era John el «Borracho» pegándole de nuevo a la pobre Molly.
«Si la quiere, ¿qué importan algunos golpes? —pensó Sophie con repentina claridad—. Si un hombre te dice que eres suya, ¿qué importan unas cuantas bofetadas?
Luego, con sonrisa infantil, pidió a la enfermera:
—Enfermerita, ¿quiere lavarme los dientes, por favor?
Y después que sus dientes estuvieron bien cepillados empezó a nombrar a la enfermera con balbuceo de niña todos los nombres que sabía:
—El «Gorrión», Violet, Stash, Zygmunt. el viejo doctor, Piggy, Louie.
Fue nombrando a cada uno mientras la enfermera le esponjaba la espalda con algo fresco. Describiendo sus extrañas caras perdidas, caras que nunca había querido de veras y que ahora le parecían de repente tan queridas. Les nombraba como un chico cuenta números:
—El «Hombre del Paraguas», Primo Kvorka, «Gran Archivo», Schwiefka, Chester del Conweyor, el lector de contadores, la viuda de Wieczorek, el «Carcelero», el pobre Peter, Shudefski, Molly, John el «Borracho».
Cuando se fue la enfermera, sólo entonces y con mayor ternura que a los demás, con más dulzura que a los otros, murmuró por fin el último y más triste nombre de todos:
—Francis Majcinek. Nos casamos en la iglesia...
¡Nostálgico nombre el de Frankie Machine! "



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