Cartas a Theo (fragmento)Vincent Van Gogh

Cartas a Theo (fragmento)

"Drenthe (Septiembre-Noviembre de 1883)
Todo es hermoso aquí, dondequiera que vaya. La flo­resta tiene mucha mayor extensión que en Brabante, por lo menos cerca de Zundert o de Etten, es algo monótona a mediodía, sobre todo cuando hay mucho sol; pero pre­cisamente este efecto que he querido en vano pintar vanas veces, no quisiera perderlo. Tampoco el mar es siempre pintoresco; pero es necesario también observar esos mo­mentos y esos efectos si uno no se quiere engañar sobre su verdadero carácter. Entonces, en esta hora ardiente del me­diodía, la floresta dista a veces de ser encantadora; es exci­tante, fastidiosa y fatigante como el desierto, poco hospita­laria y en cierta manera hostil. Pintadla en esta plena luz, y reproducir estos planos que se continúan hasta el infinito, es algo que produce vértigo. No se debe creer, sin embargo, que tal paisaje ha de captarse de una manera sentimental; muy por el contrario eso no sucede casi nunca. Este mismo sitio excitante y fastidioso —la tarde en que un pobre personajillo se diluye en el crepúsculo— cuando esta enorme extensión de tierra tostada por el sol se vuelve oscura por oposición a los finos tonos lilas de un cielo a la caída de la tarde y que la última y sutil línea azul oscuro del horizonte separa el cielo y la tierra, puede tornarse su­blime como en un J. Dupré.
Lo mismo sucede con los hombres, labriegos y mujeres; no siempre son interesantes, pero cuando se tiene paciencia con ellos, se ve todo lo que hay de Millet en esas personas.
Ayer descubrí uno de los cementerios más caracte­rísticos que haya visto jamás; figúrate un trozo de bos­que rodeado de un seto de pequeños abetos muy apretados entre sí, de modo que se creería estar simplemente en un monte de abetos. Sin embargo, hay una entrada, una corta avenida, por donde se llega a las tumbas cubiertas de montones de hierba y de matorral. Muchas tablillas de madera blanca sobre las cuales se leen los nombres.
Es algo muy hermoso contemplar el verdadero brezal sobre las tumbas; el olor de la trementina tiene un no sé qué de místico, y la línea oscura de los abetos que encierran el cementerio separa un cielo centelleante de una tierra ruda que en general es rosa, leonada, pardusca, amarillenta, colores entre los que abundan tonos lilas por todas partes. "



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