De opificio mundi (fragmento) Filón de Alejandría

De opificio mundi (fragmento)

"El gran Moisés, por el contrario, comprendiendo que lo inengendrado es de una naturaleza completamente distinta de cuanto está al alcance de nuestra vista, ya que todo lo perceptible por los sentidos está sujeto al nacimiento y a cambios y no permanece jamás en el mismo estado, atribuyó la eternidad a lo invisible y aprehensible por la inteligencia, como algo connatural y afín; y asignó a lo perceptible por los sentidos el apropiado nombre de "génesis". Siendo, pues, visible, perceptible por los sentidos este mundo, necesariamente se sigue que es además creado. De allí el acierto de Moisés al describir también la génesis del mismo, manifestando así la grandiosa majestad de la obra de Dios.
Dice que el mundo fue creado en seis días, mas no porque el Hacedor hubiera menester de una determinada cantidad de días; que Dios puede hacer todas las cosas simultáneamente, tanto ordenar las obras como concebirlas; sino porque en las cosas creadas era necesario un orden. El orden, por su parte, involucra número, y de los números, por imperio de las leyes de la naturaleza, el más vinculado a la generación de seres es el 6. Se trata, en efecto, del primer número perfecto a contar desde la unidad, y es igual al producto de sus factores, y, a la vez, a la suma de los mismos, siendo el 3 su mitad, el 2 su tercera parte y el 1 su sexta parte. Y su naturaleza es, por así decir, masculina y femenina, resultado de combinar la potencia de uno y otro sexo. En las cosas existentes, en efecto, lo impar es masculino, y lo par femenino; y he aquí que la serie de los números impares comienza por el 3, y la de los pares por el 2, números de los que el 6 es producto.
Siendo el mundo la más perfecta de las cosas que adquirieron existencia, preciso era que fuera conformado de acuerdo con un número perfecto, es decir, el 6; y que, habiendo de contener en sí a las creaturas nacidas de la unión sexual, recibiera la impresión de un número mixto, el primero que contiene lo par y lo impar, y encierra la forma ejemplar del elemento masculino inseminador y del femenino receptor de las simientes.
A cada uno de los días asignó Dios una de las porciones del universo mas no incluyó al primero, al que evitó llamar "primero", a fin de que no fuera enumerado junto con los otros. Lo llamó, en cambio, "uno" (Gen. I, 15), asignándole así una denominación exacta puesto que mediante tal nombre reconoce en él y le atribuye expresamente la naturaleza y denominación do la unidad. IV. Como es imposible enumerar todos los elementos que este número encierra en sí, hemos de limitarnos a los más que nos sea posible. Como elemento especial encierra al mundo aprehensible por la inteligencia, según se indica en el tratado acerca de dicho número. "



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