Desde Rusia con amor (fragmento)Ian Fleming

Desde Rusia con amor (fragmento)

"Bond estaba completamente despierto mientras el tren recorría trabajosamente el valle del Vardar iluminado por la luna, hacia la frontera yugoslava. Tatiana dormía otra vez con la cabeza sobre su regazo. Bond pensaba en lo que había dicho Darko. Se preguntaba si no debería haber enviado al hombretón de vuelta a Estambul cuando lograron pasar sanos y salvos per Belgrado. No era justo arrastrarlo por Europa en una aventura que se desarrollaba fuera de su territorio, y por la cual sentía poca simpatía. Era obvio que Darko sospechaba que Bond había perdido la cabeza por la joven y que ya no veía la operación con claridad. Bueno, había una pizca de verdad en eso. Sin duda sería más seguro bajarse del tren y coger otra ruta hacia Inglaterra. Pero, como admitió Bond para sí, no podía soportar la idea de huir de esta conspiración, si era una conspiración. Si no lo era, no podía soportar igualmente la idea de sacrificar los tres días restantes que le quedaban para estar con Tatiana. Y M había dejado la decisión en sus manos. Como Darko había señalado, también M sentía curiosidad por llegar al final de la partida. Perversamente, M también quería ver de qué iba toda esta colección de disparates. Bond apartó a un lado el problema. El viaje transcurría bien. Una vez más, ¿por qué dejarse ganar por el pánico?
Diez minutos después de haber llegado a la estación griega fronteriza de Idomeni, se oyeron unos apresurados golpes de llamada en la puerta, que despertaron a la joven. Bond se deslizó de debajo de su cabeza. Apoyó el oído contra la puerta.
-¿Sí?
—Le conducteur, monsieur. Ha habido un accidente. Su amigo Kerim Bey.
—Espere —respondió Bond con ferocidad. Enfundó la Beretta y se puso la chaqueta. Abrió la puerta de un tirón.
—¿Qué sucede?
El rostro del revisor se veía amarillento bajo la luz del pasillo.
—Venga. —Echó a correr por el corredor hacia el coche de primera clase.
En torno a la puerta abierta del segundo compartimento, había un grupo de oficiales apiñados. Se hallaban de pie y miraban fijamente al interior.
El revisor los separó para que pasara Bond. Este llegó a la puerta y miró al interior.
El cabello se le erizó ligeramente. Sobre el asiento de la derecha había dos cuerpos. Estaban inmovilizados en una horrible lucha de muerte que podría haber sido una pose para una película.
Debajo estaba Kerim, con las rodillas flexionadas en un último intento de levantarse. La empuñadura forrada con cinta de una daga le sobresalía del cuello cerca de la yugular. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los vacuos ojos inyectados de sangre miraban fijamente la luz. La boca estaba contorsionada en un gruñido. Un fino hilo de sangre le bajaba por el mentón.
Medio tumbado sobre él se encontraba el pesado cuerpo del hombre del MGB que ostentaba el nombre de Benz, inmovilizado allí por el brazo izquierdo de Kerim que le rodeaba el cuello. Bond podía ver un extremo del bigote estilo Stalin y un lado de la cara ennegrecida. El brazo derecho de Kerim descansaba a través de la espalda del hombre, con un gesto casi indiferente. La mano acababa en un puño cerrado y en el extremo de la empuñadura de un cuchillo y, en la parte de la chaqueta que quedaba bajo la mano, se veía una amplia mancha.
Bond escuchó a su imaginación. Era como mirar una película. Darko dormido, el hombre que se escabullía en silencio a través de la puerta, los dos pasos hacia delante y el veloz golpe en la yugular. Luego, los últimos espasmos violentos del hombre agonizante que lanzaba un brazo al aire y aferraba contra sí al asesino, mientras hundía el cuchillo cerca de la quinta costilla.
Aquel hombre maravilloso que llevaba el sol consigo... Ahora se había extinguido, estaba muerto sin remedio.
Bond se volvió bruscamente y se alejó de la visión del hombre que había muerto por él. "



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