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La señorita Else (fragmento) "Y sigo andando: ¿adónde voy ahora? ¿Qué pasa conmigo? Ya está casi completamente oscuro. Qué belleza y qué tranquilidad. Ni un solo ser humano hasta donde alcanza la vista. Ahora ya todo el mundo está sentado a la mesa: el «Diner». ¿Telepatía? No, esto no es ninguna telepatía, falta mucho para que lo sea... Pues hace un momento escuché el gong. ¿Dónde está Else?, se preguntará Paul. Si no llego cuando sirvan los entremeses, les llamará la atención a todos. Mandarán arriba, a mi habitación, a ver qué sucede. ¿Qué le pasa a Else? Ella siempre es tan puntual, ¿verdad? También los dos señores junto a la ventana pensarán: ¿dónde está hoy esa hermosa muchacha de pelo rojizo? Y el señor von Dorsday se asustará. Es cobarde, sin duda. Tranquilícese, señor von Dorsday, que a usted no le pasará nada: porque lo desprecio demasiado. Si yo quisiera, sería usted hombre muerto mañana por la noche. Estoy convencida de que Paul lo retaría a duelo si le contara el asunto. Le perdono la vida, señor von Dorsday. Qué inmensos los prados, y qué tremenda la negrura de las montañas. Casi ninguna estrella. Sí, algunas, sin embargo... tres, cuatro... ya se multiplican. Y el bosque a mis espaldas, tan silencioso. ¡Qué agradable quedarse aquí sentada, en este banco, junto al linde del bosque! El hotel... tan lejos, tan lejos, y sus luces, desde aquí, parecen de cuento de hadas. Y qué canallas hay en él. Oh, no: hombres, pobres seres humanos; me dan lástima todos ellos. También la marchesa me da lástima, no sé por qué; y la señora Winawer; y la institutriz de la niñita de Cissy. Ella no se sienta a la table d'hôtes: ya ha cenado antes, con Fritzi. ¿Qué le pasará a Else?, pregunta Cissy. ¿Cómo?, ¿tampoco está en su cuarto? Ahora seguramente ya todos temen por mí. Cínicamente, yo no temo nada. Sí, aquí estoy, pues, en Martino di Castrozza, sentada sobre un banco en el linde del bosque, y el aire es como champán, y casi me parece que estoy llorando. Pues ¿por qué estoy llorando? No hay razón alguna para llorar. Son los nervios. Tengo que dominarme. No debo abandonarme así. Pero el llanto no es desagradable. El llanto siempre me hace bien. Cuando visité a nuestra vieja institutriz francesa, en el hospital, la que después murió, también lloré. Y durante el entierro del abuelito, y cuando Berta partió para Núremberg, y cuando murió el bebé de Agathe, y en el teatro, cuando dieron La dama de las camelias, lloré también. ¿Quién llorará cuando esté muerta? Oh, ¡qué bello sería estar muerta! Estar de cuerpo presente en el salón, con los cirios de la capilla ardiente encendidos. Altos cirios. Doce altos cirios. Y abajo ya aguarda el coche fúnebre. Delante de la puerta de casa se aglomera la gente. ¿Cuántos años tenía? Diecinueve nada más. ¿De veras que solo diecinueve...? Imagínese: su papá está en la cárcel. ¿Y por qué se suicidó? Por un amor desdichado; se enamoró de un filou. Pero no, ¿cómo se le ocurre? La verdad es que estaba por tener un bebé. No, señor, se despeñó desde lo alto del Cimone. Es un accidente... Buenos días, señor Dorsday: ¿también usted viene a acompañar a la pequeña Else a su última morada? «Pequeña Else», dice esa vieja... ¿Cómo? Pues claro que tengo que acompañarla. Tengo que rendirle este último honor. Puesto que también le he rendido el primer ultraje. Oh, valía la pena, señora Winawer: jamás había visto un cuerpo tan hermoso. Y solo me costó treinta millones. Un Rubens cuesta tres veces más. Se envenenó con hachís. Solo ansiaba bellas visiones; pero tomó demasiado, y luego ya no despertó. ¿Y por qué lleva el señor Dorsday un monóculo rojo? ¿Y a quién le está haciendo señas con el pañuelo? Mamá baja por la escalera y ahora le besa la mano. ¡Qué asco, qué asco! Están cuchicheando. Yo no puedo comprender nada, porque estoy de cuerpo presente, en el féretro. La corona de violetas que ciñe mi frente es de Paul. Las cintas descienden hasta el suelo. Nadie se atreve a entrar. Será mejor que me levante y me ponga a mirar por la ventana. ¡Qué lago tan grande y azul! Cien barcas con velas amarillas... ¡Cómo resplandecen las olas! Tanto sol. Una regata. Todos los señores tienen camiseta de remo; las damas están en traje de baño. Esto es indecente. Se imaginan que estoy desnuda. Qué tontos son. Yo no tengo puesto mi vestido de luto, porque estoy muerta. Se lo demostraré a ustedes. Volveré a acostarme inmediatamente sobre el catafalco. ¿Dónde está el catafalco? Se ha ido. Se lo llevaron. Lo robaron. Por ese desfalco papá está en la cárcel. Y, sin embargo, lo absolvieron por tres años. Los jurados han sido todos sobornados por Fiala. Pues ahora iré al cementerio a pie; así mamá se ahorrará los gastos del entierro. Tenemos que reducir gastos. Estoy caminando tan deprisa que nadie puede seguirme. Oh, ¡qué de prisa puedo caminar! Y todo el mundo se para en las calles y queda admirado. ¡Cómo se puede mirar así a una persona que está muerta! Es una impertinencia. Será mejor que tome a campo traviesa; el campo está todo azul, de tantas nomeolvides y violetas. Los oficiales de la Marina están formando una calle de dos filas. Buenos días, señores. ¡Abran paso, señor matador! ¿No me reconocen? Pues yo soy la muerta... No por eso tiene que besarme la mano... ¿En dónde está mi tumba? ¿También la robaron? Esto, gracias a Dios, no es en verdad el cementerio. ¡Esto es el parque de Menton! Papá se pondrá contento al saber que no estoy enterrada. Yo no les tengo miedo a las serpientes. Con tal de que ninguna me muerda en el pie. Nota del Traductor. Diner, del alemán der diner. Lo conservo en el original alemán, con cursiva, equivaliendo a «cena». Schnitzler utiliza Diner como galicismo propio del ambiente social de la novela y, en el contexto más amplio, contrapone Diner y Dinner. Filou: Se transcribe en cursiva. Significa aproximadamente «pillo», «tunante» o «granuja» a modo de galicismo que refleja el valor cosmopolita. table d’hôtes: Galicismo propio de la hostelería. se preserva en francés y en cursiva. Designa la mesa común o comida servida para los huéspedes del hotel. marchesa: se conserva como tratamiento italiano. No se normaliza a «marquesa», pues forma parte del paisaje lingüístico internacional de la novela." epdlp.com |