El hombre de Troya (fragmento)Heinrich Schliemann

El hombre de Troya (fragmento)

"No había olvidado a Homero, puesto que aquella noche en que entró en la tienda nos recitó más de cien versos del poeta, observando la cadencia rítmica de los mismos. Aunque yo no comprendí ni una sílaba, el sonido melodioso de las palabras me causó una profunda impresión. Desde aquel momento nunca dejé de rogar a Dios que me concediera la gracia de poder aprender griego algún día. (...) Cuando el noble descubrió que el vaquero había desbaratado sus planes le hizo asar vivo, a fuego lento, en una gran sartén de hierro, y cuando el desdichado se movía en medio de las ansias de la muerte, dice la leyenda que el noble le dio una última patada cruel con el pie izquierdo. Poco después llegó el duque con un regimiento de soldados, sitió y asaltó el castillo, y cuando el caballero Henning vio que no tenía salvación, guardó en un gran cofre todos sus tesoros y lo enterró en su jardín, junto al torreón redondo, cuyas ruinas pueden verse todavía hoy. Luego se dio muerte. Una fila de losas señalaba en nuestro cementerio la tumba del malhechor, de la cual, durante siglos, salía una y otra vez su pierna izquierda, calzada con una media de seda negra. Tanto el sacristán Prange como el sepulturero Wöllert juraban y perjuraban que ya de muchachos habían cortado la pierna y con sus huesos habían hecho caer peras de los árboles; mas a principios de este siglo la pierna había dejado de crecer. Naturalmente, yo también creía esto con toda mi ingenuidad infantil, y muchas veces rogué a mi padre que abriera la tumba o me permitiera hacerlo a mí, para poder ver la causa de que no hubiera vuelto a salir la pierna. "


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