Copérnico (fragmento)John Banville

Copérnico (fragmento)

"Cuando bajaban la colina del castillo, guiados a través de la centellante oscuridad por un mar de temblorosas antorchas, el chantre Giese, confundido y apenado, intentó hablar con su amigo; pero el doctor no parecía oírlo y no respondió.
Ya casi amanecía cuando llegaron al castillo de Allenstein unos cien hombres, los mejores de Polonia. Cruzaron con estrépito el puente enarbolando el estandarte de su rey, pasaron bajo el rastrillo, junto al somnoliento centinela, y desmontaron en el patio con un gran estruendo de cascos y sables tintineantes, además de los rugidos del sargento Tod, un duro y experimentado soldado con cicatrices de guerra, un hombre de enorme valor.
-Bien, muchachos -gritó-, esta noche no tendréis descanso -y los envió sin más a las murallas.
-¡Ah, maldito sea, sargento! -gruñeron los hombres.
Sin embargo, se acomodaron en sus puestos con presteza, pues sabían que no estaban allí sólo para proteger aquel miserable castillo y un atajo de malditos prusianos cobardes, sino que el honor de Polonia estaba en juego. Su capitán, un atractivo joven procedente de una de las mejores familias polacas, ocultó tras su capa una sonrisa arrogante al ver a los hombres amontonándose en las almenas. Luego, tras una breve pausa para pellizcar la mejilla sonrosada de una tímida criada que aguardaba en la puerta, subió con largas y rápidas zancadas las enormes escalinatas que conducían a la sala de cristal donde el prepósito de tierras Koppernigk tenía una urgente conversación con sus desolados colegas. El capitán se detuvo en el umbral de la puerta y chocó los talones en un elegante saludo que hubiese enorgullecido a su comandante.
-56, 57.
El canónigo levantó la vista, molesto.
-¿Sí? ¿Qué pasa ahora? ¿Quién es usted?
-Capitán Chopin, señor, a sus órdenes.
-¿Capitán qué?
-Soy oficial de su excelencia el rey Segismundo de Polonia, de la Primera Caballería Real, y he venido desde Mehlsack con cien de los mejores hombres de su majestad. Tengo órdenes de defender hasta el último hombre que se encuentre entre los muros de este castillo.
-¡Que Dios nos proteja! -gritaron varias voces a la vez.
-Nuestro ejército avanza hacia el oeste y espera alcanzar al enemigo mañana. Los Caballeros Teutónicos están bombardeando las murallas del fuerte de Heilsberg. Como usted sabrá, Herr prepósito, ya han tomado las ciudades de Guttstadt y Wormditt en el norte y se espera un inminente ataque a Allenstein. Esos demonios y Satanás, el Gran Maestre Albrecht, deben ser detenidos, ¡y lo serán, lo juro por la sangre de Cristo! Perdone el lenguaje de un soldado, señor. Recordará usted el sitio de Frauenburg, cómo incendiaron la ciudad y asesinaron a la gente sin compasión. Sólo la valentía de nuestros mercenarios prusianos evitó que destruyeran los muros de la catedral. Su Capítulo huyó a Danzig, Herr prepósito, y lo dejó a cargo de la defensa de Allenstein y Mehlsack. Sin embargo, temo que debo informarle que Mehlsack ha sido saqueada, señor, y...
Entonces fue interrumpido por la rápida entrada de un hombre moreno y corpulento vestido con ropa de canónigo. "



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