El fondo tibio de Dios en la arena (fragmento)Mauricio Wacquez

El fondo tibio de Dios en la arena (fragmento)

"Salió el sol, sin querer, movido por un impulso irresistible. Sentía algo hueco, falto de materia, como un aburrimiento indefinido. Anduvo por la huerta hasta la entrada de la playa. Bajó a la arena y se quitó los zapatos; se enrolló la sotana a la cintura y fue hacia el agua lentamente. Al mismo tiempo rezaba. Dentro de lo suyo se sentía mejor. Caminó por la orilla húmeda sintiendo la sal pegajosa en las pestañas. Estaba solo, entre el Señor y el mar, lleno de la plenitud que le hizo gustar el padre Pablo, de ese misticismo que había digerido durante aquellos años. Ahora se manifestaba de manera espontánea como si no hubiese tenido génesis ni desarrollo. Aunque no, no era lo mismo; esto era algo más tocable, tocable como el mar, como la arena húmeda bajo los pies. Y bajo los pies su sombra, la sombra de él mismo reflejada en la tierra como un lazo. Quizás sin ese misticismo no tendría fuerzas para seguir. Necesitaba lo otro. Se hacía poca la fe.
Tropezó con los pies descalzos en unas algas que había arrojado el mar. Puso el breviario en el bolsillo y pensó: "¡Si por lo menos estuviera Ignacio!". Pero no era eso lo que le faltaba, era otra cosa, que sentía dentro de él. Era eso antiguo, saboreado mil veces. Porque a pesar de tantos años estaba insatisfecho; no había tranquilidad porque eso no se manifestaba, porque no se había formado. Cuando fuera tomando forma comenzaría a morir y todo iría pasando poco a poco. "



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