Cultura y simulacro (fragmento)Jean Baudrillard

Cultura y simulacro (fragmento)

"Por eso la diseminación nuclear no debe ser tomada como un riesgo más a añadir a los ya existentes de estallido o accidente atómico —salvo durante el intervalo crítico, durante el que las «jóvenes» potencias pueden sentir la tentación del uso no disuasivo, es decir, «real», como hicieron los americanos en Hiroshima— aunque solo ellos han tenido hasta el momento derecho al «valor de uso» de la bomba y cuantos logren tenerla serán disuadidos de su uso por el hecho mismo de poseerla. El ingreso en el club atómico, tan lindamente bautizado, borra rapidísimamente (como la sindicación en el mundo obrero) toda veleidad de intervención violenta. La responsabilidad, el control, la censura y la autodisuasión siempre crecen más aprisa que las fuerzas o las armas de que se dispone: este es el secreto del orden social. De ahí que la posibilidad misma de paralizar un país con un simple interruptor haga que los técnicos en electricidad no lleguen a usar jamás esta arma: todo el mito de la huelga general y revolucionaria se derrumba en el mismo momento en que se dan las condiciones necesarias para ella —pero, esta es otra cuestión, precisamente porque se dan tales condiciones. En esto consiste el proceso de la disuasión.
Es, pues, muy probable que un día veamos a las potencias nucleares exportar centrales, armas y bombas atómicas a todas las latitudes, exportando al mismo tiempo el virus de la disuasión. Al control mediante la amenaza atómica, hoy en día monopolio de unos pocos, sucederá la estrategia mucho más eficaz de pacificación mediante tenencia de bombas. Las «pequeñas» potencias, creyendo comprar su autonomía, comprarán su propia neutralización oculta en la bomba disuasoria. Es el caso de las «centrales» nucleares que se están repartiendo ya, pues, igual que bombas de neutrones, neutralizan toda virulencia histórica y todo riesgo de explosión. En este sentido, lo nuclear inaugura por doquier un proceso acelerado de implosión, congelándolo todo a su entorno y absorbiendo toda energía viva.
Lo nuclear es a la vez el punto culminante de la energía posible, la máxima energía disponible y, paralelamente y de un modo más rápido, la culminación de los sistemas de control de toda energía. La encerrona y el control crecen en la misma medida (y sin duda aún más aprisa) que las posibilidades liberadoras. Esta fue ya la aporía de las revoluciones modernas, de la Revolución. Con una envergadura mucho mayor, sigue siendo la paradoja absoluta de lo nuclear. Las energías se congelan con su propio fuego, se disuaden a sí mismas. No acaba de verse claro qué proyecto, qué poder o qué estrategia se ocultan tras este cerco, esta saturación gigantesca de un sistema con sus propias fuerzas ya neutralizadas, inutilizables, ininteligibles e inexplosivas, de no ser la posibilidad de una explosión hacia el interior, de una implosión en la que todas estas energías se abolirían en un proceso catastrófico en sentido literal, es decir, en el sentido de una reversión de todo el ciclo hacia el punto mínimo, de una reversión de las energías hacia el más estrecho umbral. "



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