Diarios de motocicleta (fragmento)Ernesto Che Guevara

Diarios de motocicleta (fragmento)

"Regalamos el pescado y un ananá como de 4 kilo-gramos que nos habían regalado los enfermos y nos quedamos en la casa para esperar al día siguiente en que nos llevarían río arriba. El viaje de vuelta fue muy movido también, pero algo cansado porque tuvimos que remar siete horas bien contadas y no estábamos acostumbrados a tanto. En Leticia en principio nos trataron bien, nos alojaron en la policía con casa y comida, etc., pero en cuanto a cuestiones de pasajes no pudimos obtener nada más que un 50% de rebaja, por lo que hubo que desembolsar ciento treinta pesos colombianos más quince por exceso de equipaje, en total mil quinientos pesos de los nuestros. Lo que salvó la situación fue que nos contrataron como entrenadores de un equipo de fútbol mientras esperábamos el avión que es quincenal. Al principio pensábamos entrenar para no hacer papelones, pero como eran muy malos nos decidimos también a jugar, con el brillante resultado de que el equipo considerado más débil llegó al campeonato relámpago organizado, fue finalista y perdió el desempate con penales. Alberto estaba inspirado con su figura parecida en cierto modo a Pedernera y sus pases milimétricos, se ganó el apodo de "Pedernerita", precisamente, y yo me atajé un penal que va a quedar para la historia de Leticia. Toda la fiesta hubiera sido muy grata si no se les ocurre tocar el himno colombiano al final y me agacho para limpiarme un poco la sangre de la rodilla mientras lo ejecutaban, lo que provocó la reacción violentísima del comisario (coronel) que me atacó de palabra y le mandaba mi rociada flor cuando me acordé del viaje y otras yerbas y agaché el copete. Después de un lindo viaje en avión en que se movió como coctelera llegamos a Bogotá. En el camino Alberto les hablaba a todos los pasajeros de lo terrible que había sido el cruce del Atlántico cuando le fallaron tres de los cuatro motores, acabó con un: "Digo que estos Douglas..." tan convincente que temí seriamente por mi viaje.
En general estamos por completar la segunda vuelta al mundo. El primer día en Bogotá fue regularcito; conseguimos la comida en la Ciudad Universitaria pero no alojamiento, porque esto está lleno de estudiantes becados para seguir una serie de cursos que organiza la ONU. Por supuesto, ningún argentino. Recién a la una de la mañana nos dieron alojamiento en un hospital, entendiéndose por tal una silla donde pasamos la noche. No es que estemos tan tirados como eso, pero un raidista de la talla nuestra antes muere que pagar la burguesa comodidad de una casa pensión. Después nos tomó por su cuenta el servicio de lepra que el primer día nos había olfateado cuidadosamente a causa de la carta de presentación que traíamos del Perú, la que era muy encomiástica pero la firmaba el doctor Pesce que juega en el mismo puesto que Lusteau. Alberto puso varios plenos y apenas respiraban los tipos los agarré yo con mi alergia y los dejé turulatos, resultado: ofrecimiento de contrato para los dos. Yo no pensaba aceptar de ninguna manera pero Alberto sí, por razones obvias, cuando por culpa del cuchillito de Roberto que yo saqué en la calle para hacer un dibujo en el suelo tuvimos tal lío con la policía que nos trató en una forma vejante, que hemos decidido salir cuanto antes para Venezuela, de modo que cuando reciban esta carta estaré por salir ya. Si quieren tirarse el lance escriban a Cúcuta, departamento de Santander del Norte, Colombia o muy rápido a Bogotá. Mañana veré a Millonarios y Real Madrid desde la más popular de las tribunas, ya que los compatriotas son más difíciles de roer que ministros. Este país es el que tiene más suprimidas las garantías individuales de todos los que hemos recorrido, la policía patrulla las calles con fusil al hombro y exigen a cada rato el pasaporte, que no falta quien lo lea al revés, es un clima tenso que hace adivinar una revuelta dentro de poco tiempo. "



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