Bullet Park (fragmento)John Cheever

Bullet Park (fragmento)

"Nailles se puso los anteojos para medir el whisky. A Nellie le pareció que calculaba con excesiva meticulosidad la medida de alcohol, el hielo y la soda, y advirtió que sobre un costado de la boca de su marido había una ancha huella de lápiz labial. Quizás había besado inocentemente a alguien en un rincón, eso no la inquietaba; pero esa marca carmesí le daba un aire ridículo. La utilidad procreadora de Eliot había concluido, pensó Nelie, pero su comezón venérea se mantenía intacta. Mientras Nellie lo miraba, Nailles se rascó la entrepierna, y eso la llevó a preguntarse si no había una obsolescencia alarmante en los hombres pasados los cuarenta, cierto error de cálculo de la naturaleza, al conservarles esa ociosa energía sensual con la que eran capaces de poblar por sí solos una ciudad pequeña. Más tarde, cuando Nailles se le insinuó en la cama, ella no lo expulsó de mal modo pero le dio a entender claramente que no era bienvenido.
A Nailles no le simpatizaban los hombres que temían a las mujeres. Tenía un amigo de joven que padecía esa terrible debilidad. Se llamaba Harry Pile, y había temido toda su vida a las mujeres. Naturalmente, el asunto había comenzado con su madre, una mujer impetuosa, de grandes pechos, que con sus órdenes contradictorias había quebrado el espíritu de su marido y castigaba a su único hijo con un bastón nudoso. Cuando Pile tenía ocho o nueve años se enamoró de una chica llamada Janet Forbes, que era un poco impresionable pero bastante formidable a su manera. Tenía músculos, la voz un poco ronca para una niña, y su tío, Wilbert Forbes, había descubierto en Alaska una montaña que llevaba su nombre. Que el objeto de sus desvelos llevase el mismo nombre que una montaña sugería cierta inaccesibilidad que a Harry lo intimidaba y complacía al mismo tiempo. En el colegio y en la universidad, Pile se enamoró invariablemente de mujeres que se caracterizaban por su independencia y su temperamento intratable. Su primer matrimonio fue con una joven bella y enérgica que le dio tres hijas y después huyó con un camarero italiano. Esta experiencia intensificó sus temores. Su segunda esposa era tan recatada, tímida y melancólica que pareció que Pile había superado sus miedos; pero luego resultó que era alcohólica y se convirtió en otra fuente de temor para él. Entretanto las hijas del primer matrimonio se habían convertido en tres jóvenes decididas y porfiadas, y una vez que Pile intentó corregir a la mayor, ella le rompió una lámpara en la cabeza. Fue Pile quien recogió los pedazos y quien puso distancia a partir de entonces.
Pile temía a su secretaria, a la recepcionista y a las desconocidas que se cruzaba por la calle. Cumplidos los treinta enfermó, y cuando Nailles fue a visitarlo al hospital descubrió que, por supuesto, Pile temía a las enfermeras, incluso a las bondadosas y maternales voluntarias que traían libros y revistas a los enfermos. Su deterioro fue fulminante. La última vez que Nailles fue al hospital lo encontró demacrado y apenas capaz de hablar. Le preguntó si necesitaba algo y Pile negó con la cabeza. Le preguntó si había alguien a quien deseara ver y Pile se limitó a suspirar. "



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