El rincón de los niños (fragmento)Patrick Modiano

El rincón de los niños (fragmento)

"Me sumo otra vez en el sueño y después vuelvo a la superficie, y la corriente me lleva suavemente. Y aquel rostro sigue allí, sobre el fondo de terciopelo azul.
Sí, algo realmente idéntico en la frente y en la mirada. Pero aquel rostro es el de una niña que he conocido hace mucho tiempo. ¿Y su nombre no era ... Marie, como la otra?
Me desperté a eso de las dos de la madrugada. Abajo, en la avenida Villadeval, estaba vacío el banco, y me entretuve en imaginar al chófer levantándose a las doce en punto, mirando por última vez en dirección a mi ventana, marchándose a su casa, el cigarrillo en los labios y la satisfacción del deber cumplido. Lo único que tenía que hacer aún era consignar lo siguiente en una hoja de papel: esta noche, diecisiete de junio, el Sr. J. Sarano la ha pasado en su casa.
Los otros dos continuaban sentados en la terraza, y según su costumbre cuando era noche avanzada, el insecto en chilaba había colocado una lámpara de petróleo en medio de la mesa. Me llegaba su voz de estridencias de grillo y, de vez en cuando, alguna palabra que articulaba más fuerte resonaba hasta mi balcón: España... Karl Heinz Bremer... Japón. Escarabajos... Weimar... Matador de toros.4
Una pared de terciopelo azul tenso. El rostro de esa niña contrasta tanto con el terciopelo desgastado... Un rostro radiante, aunque la mirada aparezca atravesada por una sombra de tristeza. Pero claro, fue en el camerino de un Music-hall o de un teatro —no recuerdo bien cuál era la denominación exacta de aquella sala de espectáculos—, fue en el camerino de su madre donde la vi por primera vez. Y su rostro que se destaca sobre el fondo del terciopelo se parece al rostro de la otra, esta Marie del hotel Alvear. Hasta el punto de que me pregunto si no llevan el mismo nombre y si no son la misma persona.
La sala de espectáculos con el camerino de terciopelo se encontraba en la rue Fontaine. Sí, cuando salí con la pequeña, fue desde luego en la rue Fontaine donde acabamos. Era de noche y descendimos la calle hasta el Café Gavarni. ¿Por qué ha tenido un papel en mi vida ese barrio? Yo había pasado mi infancia en la orilla izquierda, en Saint-Germain-des-Prés... Orilla izquierda, Saint-Germain-des-Prés, rue Fontaine... Desde lo alto de Mercedes Terrace, donde ahora me encuentro, aquellos nombres me parecen exóticos y tengo que repetirlos en voz baja para convencerme de que no le pertenecen a una ciudad imaginaria. Aquella noche, cuando bajaba por la rue Fontaine con la pequeña, no pensé que cinco años antes yo venía por la misma calle, también en dirección al café Gavarni, y que acababa de abandonar otro camerino de teatro, más o menos semejante, excepto que no estaba tapizado de terciopelo azul: el camerino de mi madre. Ambas salas estaban cerca, una en el lado de los pares y la otra en los impares. En cinco años no había hecho más que atravesar la calle.
Terminaba los deberes del colegio, como todos los domingos por la tarde, en el teatro Fontaine, en el despacho del director, Henri de La Palmira, después de haberlos empezado en el camerino de mi madre. Al día siguiente por la mañana tendría que volver al colegio en el autobús de la Porte d'Orléans. ¿Qué obra representaba mi madre en el Fontaine? Un vodevil escrito por un comerciante en sedas de Lyon y por su amante, que habían alquilado el teatro por varios meses y le pagaban a los cómicos. Les llamaban «señor y señora Lasurel» y les traía sin cuidado que la sala estuviera desierta todos los días. De vez en cuando algunos amigos suyos asistían a la representación. "



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