Entre Marx y una mujer desnuda (fragmento)Jorge Enrique Adoum

Entre Marx y una mujer desnuda (fragmento)

"Decías que no te interesa contar cosas pero las cuentas, porque en este país (siempre le echas la culpa de todo al país) no se puede escribir esa novela inalcanzable en la que no haya personajes que se presten a la farsa de que están viviendo o han vivido una historia. Me gustaría ver si lo logras en otro país: incluso la vieja Virginia Woolf se murió sin haber alcanzado lo que se proponía: una novela cuyo único tema fuera el silencio. Y como todo se reduce a un problema de escritura, te dices que machacas inútilmente las palabras, forjador en hierro frío, y en este momento te parece pedante tu libro a pesar de que confiesas tus vacilaciones y tus dudas, a pesar de que le entregas al lector no sólo las claves de lo que pasa en él sino de lo que pasa con él ("Si uno es derrotado por un proyecto ambicioso, decía Gálvez, qué le vamos a hacer, pero si se trata de una bobería entonces sí es imperdonable"). Si alguien hubiera leído la bobería de esas páginas que acabas de romper te sentirías avergonzado, pero no pudiste impedirte leerlas tú, y te preguntas con asombro ¿fui yo, realmente, quien escribió eso? Claro que quizá sólo sea el fastidio que te causa no haber podido escribir regularmente en los últimos días ("No te preocupes, decía García Márquez, uno viaja, tiene que aceptar invitaciones, se va de vacaciones, cree no hacer nada, pero dentro de cada uno hay un negro que se queda trabajando por nosotros"): ha habido tantas cosas: visitas, cartas, deudas. O es el fastidio consuetudinario: tu jefe te ha puesto a hacer copias de un informe mientras se dedica a largas conversaciones telefonicoeróticas después de haber leído el último número de Playboy; anteayer fuiste a comer con una pelotuda que contradecía cada frase tuya "para conservar su personalidad" y creyó que la cena terminaría en la cama, como si hubiera sido posible con esas manos gordas y esa risa estridente.
O un desánimo más profundo porque te has puesto a sacar en limpio tu libreta de direcciones y cuentas espantado el número de los que se te han muerto de deslealtad o canallada los que se te murieron de viaje la que se te murió de matrimonio los que han muerto de puro asesinados en cárceles y estadios direcciones a las que ibas como una carta y de las que vuelves con una inscripción diagonal en el corazón "muerto el destinatario se fue sin decir a dónde. "



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