Algodón en Harlem (fragmento)Chester Himes

Algodón en Harlem (fragmento)

"Fue un proceso lento y tedioso, pero no podían hacer otra cosa. Harlem está habitado por quinientas mil personas de color, y en él existen tantos agujeros donde ocultarse que hasta una paloma mensajera se desorientaría.
De acuerdo con las instrucciones recibidas, Barry telefoneó a Deke a las diez en punto de la noche desde el bar «Bowman's», en la esquina de la Calle 155 con St. Nicholas Place. El teléfono sonó una, dos, tres veces. De pronto, una lucecita de peligro se encendió en el cerebro de Barry; su sexto sentido le dijo que la Policía estaba en el piso y que intentaban localizar la llamada. Como si el auricular se hubiese convertido en una víbora, lo dejó sobre la horquilla y se dirigió a toda prisa hacia la salida. La camarera, al verle irse tan apresuradamente, alzó las cejas, preguntándose qué le habría ocurrido al hombre. Barry tiró medio dólar sobre el mostrador, para pagar los treinta y cinco centavos de su cerveza, y salió precipitadamente del hotel, en busca de un taxi.
Paró uno que iba en dirección al centro y le dijo al chófer:
—Lléveme a la esquina de la Calle 145 con Broadway.
Cuando torcieron hacia el Oeste por la 145, Barry oyó el lejano aullido de una sirena que se dirigía hacia «Bowman's». El labio superior del hombre se cubrió de una película de sudor.
Broadway es una calle fronteriza. El Harlem negro se ha aposentado sólidamente en su lado Este, pero en el Oeste existe aún una mezcla de puertorriqueños y blancos que aún no han abandonado el vecindario. Barry se apeó en la esquina nordeste, cruzó la calle, subió rápidamente hacia la Calle 149 y comenzó a bajar hacia el río Hudson. A mitad de la travesía se metió en un pequeño y cuidado edificio de apartamentos y ascendió tres tramos de escaleras.
La mujer cochinamente-casi-blanca que había estado desnuda en su cama cuando Iris llegó, le abrió la puerta. Aun antes de haberla cerrado, comenzó a explicar:
—Inmediatamente después de dejarnos, Iris mató a Mabel Hill. ¿Qué te parece? La han metido en la cárcel. La radio lo acaba de decir.
A causa de la excitación su voz sonaba estridentemente.
—¿Y Deke? —preguntó Barry, tenso.
—Se ha escapado. Andan buscándole. Te voy a preparar una bebida.
Barry recorrió con la mirada las tres habitaciones del apartamento, fijándose en todos los detalles. Era un bonito piso, pero él no lo advirtió. Pensaba que tal vez Deke hubiera intentado hablarle mientras él estaba fuera.
—Llévame a casa —pidió a la mujer.
Ella comenzó a protestar, pero un vistazo al rostro de Barry calmó su indignación.
Cinco minutos más tarde, el joven detective de color Paul Robinson, destinado, con su compañero Ernie Fisher, a vigilar a Barry, le vio salir de un cerrado descapotable frente al edificio donde vivía y subir rápidamente las escaleras. Paul se encontraba en el interior de un sedán «Ford» negro provisto de matrícula normal de Manhattan. El vehículo estaba aparcado al otro lado de la calle, en dirección descendente. El detective llamó al teniente Anderson por el radioteléfono y anunció:
—Acaba de entrar.
—No lo perdáis de vista —dijo Anderson.
Cuando Barry llegó al cuarto piso, en el descansillo, esperando para bajar en el ascensor había un hombre. Era Ernie Fisher. Llevaba allí dos horas, adoptando una actitud de esperanza vez que el ascensor se detenía en el piso. Pero esta vez bajó. Al llegar a la calle se metió en un sedán «Chevrolet» de dos colores que había aparcado frente al portal, apuntando hacia el centro de la ciudad.
Paul bajó del sedán «Ford», cruzó la calle y entró en el edificio sin dirigir una sola mirada a su compañero. Luego, fue a colocarse en el descansillo del cuarto piso, esperando también para descender.
El patrón, que tenía aspecto de diácono, anunció a Barry que había tenido varias llamadas urgentes de un tal Mr. Bloomfield, el cual dejó el recado de que, si Mr. Waterfield no deseaba el coche, él había encontrado otro comprador. Barry fue inmediatamente al teléfono y llamó a Mr. Bloomfield. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com