El caso del barco en llamas (fragmento)Erle Stanley Gardner

El caso del barco en llamas (fragmento)

"Hizo casi toda una ceremonia para acomodarse, doblando las piernas hasta que las rodillas parecían estar debajo de la barbilla, aunque claro es, no se quejó de nada. Rob Trenton se sentó en su acostumbrado sitio en la delantera y el pequeño automóvil salió del camino de grava con tanta suavidad y rapidez, que hasta él parecía ávido por abandonar el parador con su atmósfera de tragedia.
Desde el asiento de atrás, Ostrander mantuvo un torrente de conversación, señalando la pequeña idiosincrasia de las gentes, los puntos de interés y el estilo arquitectónico del que, de otra manera, ellos no se habrían dado cuenta. Sin lugar a dudas, era un individuo muy observador, con una gran tendencia a señalar y comentar las singulares costumbres de un país.
Cuando se detuvieron para almorzar, las piernas de Ostrander estaban entumecidas. Hizo una cómica escena sobre la forma en que había sido forzado a permanecer rígido en el asiento de atrás, y fue tan expresivo en la presentación, que Rob se vio obligado a reír. Sin embargo, el ardid produjo el deseado efecto y Linda insistió en que Ostrander alternase con Rob en viajar en el asiento delantero durante la tarde.
Así, Rob Trenton se encontró a sí mismo una vez más en el asiento de atrás, empaquetado con la colección de maletas de Merton Ostrander y escuchando atento, pero sin entusiasmo, los comentarios de Ostrander.
Habiendo señalado la forma en que los campesinos construyen un camino inclinado hasta el ático de la casa, y lo usan para almacenar allí el heno, dándole con eso un aislamiento al tejado y los demás cuartos del lado, Ostrander continuó después comentando sobre las características esquilas suizas.
Rob se vio obligado a admitir que Ostrander realmente se marcaba un tanto a su favor con este tema. Hasta Rob estaba interesado.
De vez en cuando y por insinuación de Ostrander, Linda detenía el coche y ellos escuchaban el ritmo musical, venido de alguna ladera de apacentamiento, con lozano pasto verde cuya altura alcanzaba hasta la rodilla.
-No había nada de desagradable en relación con esas esquilas. Fueron diseñadas de manera a suministrar una primitiva y rural armonía. Desde la fuerte y grande campana del toro bramador, al ávido y pequeño tintinear del ternero, el pastoreo del ganado formaba una sinfonía de sonidos que parecía combinarse con la belleza natural del país.
Ostrander señaló que no solamente el ritmo de las esquilas suministraba una armonía que resultaba agradable al oído, sino que le proporcionaba al propietario el medio de identificación de cada animal que se hallase pastando, merced al particular tono de la esquila. Si alguno de los animales se perdía, el dueño no sólo podía descubrir su falta por la desaparición de la nota en la escala musical, sino que también podía inmediatamente determinar la identidad del ausente.
Ostrander, parecía haber hecho un tema de las esquilas suizas y dijo que tenía dos grandes cajas de cartón llenas con una colección de ellas, las cuales esperaba que serian la base para una serie de conferencias que proyectaba dar en varios Clubs, a su regreso a los Estados Unidos.
Tan plausible, tan convincente y tan encantadora era la conversación de Ostrander, que Rob Trenton empezó a luchar contra la perspectiva de volverse un inanimado mueble de sesenta y ocho kilos de peso, distribuido en el lado derecho del asiento de atrás del coche, equilibrando las cajas de las esquilas que Ostrander había coleccionado con tanto esmero. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com