El aniversario (fragmento)Antón Chéjov

El aniversario (fragmento)

"SHIPUCHIN. ¡Bueno, basta, basta! Para el aniversario todo esto resulta demasiado sombrío. A propósito, me lo ha recordado usted. (Mira el reloj.) Ahora debe venir mi esposita. En realidad, yo debería haber ido a la estación a esperar a la pobrecita, pero no tengo tiempo y... estoy cansado. A decir verdad, no me alegra mucho su venida. Mejor dicho, me alegra, pero me habría sido más agradable que hubiera permanecido unos dos días más en casa de su madre. Exigirá que pase con ella toda la tarde, y hoy se tiene en proyecto hacer una pequeña excursión después de la comida... (Se estremece.) Sin embargo, me empieza ya un temblor nervioso. Tengo los nervios tan a flor de piel que basta, me parece, la más pequeña tontería para que rompa a llorar. ¡No, hay que ser fuerte, tan cierto como me llamo Shipuchin!
(Entra Tatiana Alexiéievna llevando un impermeable y una bolsa de viaje cruzada sobre el pecho.)
SHIPUCHIN. ¡Hola! ¡Hablando del ruin de Roma, por la puerta asoma!
TATIANA ALEXIÉIEVNA. ¡Querido! (Se precipita hacia su marido; prolongado beso.)
SHIPUCHIN. ¡Sí, estábamos hablando de ti!... (Mira el reloj.)
TATIANA ALEXIÉIEVNA (sofocándose). ¿Me has echado mucho de menos? ¿Estás bien? Aún no he pasado por casa, he venido directamente acá desde la estación. Tengo muchas cosas que contarte, muchas... la impaciencia me consume... No me voy a quitar el abrigo, estaré aquí sólo un minuto. (A Jirin.) ¡Buenos días, Kuzmá Nikoláich! (A su marido.) ¿Todo marcha bien en casa?
SHIPUCHIN. Todo. Y tú en esta semana has engordado, estás más guapa... Bueno, ¿qué tal el viaje?
TATIANA ALEXIEIEVNA. Estupendamente. Mamá y Katia te envían recuerdos. Vasili Andriéich me ha mandado darte un beso. (Le besa.) La tía te manda un tarro de confitura y todos están enfadados porque no les escribes. Zina me ha mandado darte un beso. (Le besa.) ¡Oh, si supieras lo que ha pasado! ¡Lo que ha pasado! ¡Me horroriza hasta la idea de contártelo! ¡Oh, lo que ha pasado! ¡Oh, lo que ha pasado! ¡Pero te noto en los ojos que no te alegras de mi regreso!
SHIPUCHIN. Al contrario... Querida... (La besa.)
JIRIN (tose, irritado).
TATIANA ALEXIÉIEVNA (suspira). ¡Ah, pobre Katia, pobre Katia! ¡Me da tanta pena, tanta pena!
SHIPUCHIN. Hoy, querida, celebramos el aniversario, puede presentarse aquí, de un momento a otro, una delegación de los miembros del Consejo y tú vas con ropa de viaje.
TATIANA ALEXIÉIEVNA. ¡Es verdad, el aniversario! Les felicito, señores... Les deseo... Así, pues, hoy va a haber reunión, comida... Estas cosas me gustan. ¿Te acuerdas del magnífico saludo que tardaste, tanto en redactar para los miembros del Consejo? ¿Te lo van a leer a ti hoy?
JIRIN (tose, irritado).
SHIPUCHIN (confuso). Querida mía, de esto no se habla... La verdad, deberías ir a casa.
TATIANA ALEXIÉIEVNA. Ahora, ahora. En un minuto te lo cuento todo y me voy. Te lo contaré desde el comienzo mismo. Verás... Cuando me acompañaste a la estación, me senté, ¿te acuerdas?, al lado de una dama gorda y me puse a leer. No me gusta trabar conversación en el tren. Pasamos tres estaciones y yo venga leer, sin cambiar una palabra con nadie... Bueno, oscureció y no puedes figurarte qué ideas más sombrías empezaron a venirme a la cabeza. Frente a mí estaba sentado un joven moreno que no tenía mal aspecto, no estaba mal... Bueno, nos pusimos a hablar... Luego acudió un marino, después un estudiante... (Se ríe.) Les dije que no estaba casada... ¡Cómo me hacían la corte! Estuvimos charlando hasta medianoche; el moreno contaba anécdotas terriblemente divertidas y él marino, venga cantar. A mí el pecho me dolía de tanto reír. Y cuando el marino, ¡ah, esos marinos!, cuando el marino supo por casualidad que me llamo Tatiana, ¿sabes lo que cantó? (Canta imitando la voz de bajo.) «Onieguin, no te lo voy a ocultar, yo amo locamente a Tatiana»... (Se ríe a carcajadas.)
JIRIN (tose, irritado.).
SHIPUCHIN. Escucha, Tániushka, estorbamos a Kuzmá Nikoláich. Vete a casa, querida... Después...
TATIANA ALEXIÉIEVNA. NO importa, no importa, que lo escuche él también, esto es muy interesante. Ahora mismo termino. En la estación me esperaba Seriozhka. Acertó a pasar por allí un joven, creo que inspector de contribuciones... no estaba mal, era muy simpático, sobre todo los ojos... Seriozhka me lo presentó y subimos los tres al coche... El tiempo era espléndido... (Entre bastidores, unas voces: «¡No se puede entrar! ¡No se puede! ¿Qué desea usted?» Entra Merchútkina.)
MERCHÚTKINA (a la puerta, librándose de alguien que inatenta retenerla). ¿Qué es eso de no dejarme pasar? ¡No faltaba más que esto! ¡He de verle yo misma!... (Entra; a Shipuchin.) Tengo el honor, Excelencia... Soy Nastasia Fiódorovna Merchútkina, la esposa del secretario provincial.
SHIPUCHIN. ¿Qué desea usted?
MERCHÚTKINA. Le suplico que me escuche, Excelencia; mi marido, el secretario provincial Merchutkin, ha estado enfermo durante cinco meses, y mientras permanecía en casa, curándose, le han despedido, sin razón alguna, Excelencia, y cuando he ido a recibir su sueldo, me han descontado, figúrese Su Excelencia, veinticuatro rublos treinta y seis kopeks. ¿Por qué?, pregunto. «Es que él —me contestan— ha pedido dinero de la mutualidad, y otros han respondido por él.» ¿Cómo es posible? ¿Acaso pudo haber tomado nada sin mi consentimiento? ¡Estas cosas no se hacen, Excelencia! Soy una mujer pobre, vivo sólo de lo que me pagan mis realquilados... Soy una mujer débil, indefensa... Todo el mundo me ofende, nadie tiene una buena palabra para mí. "



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