Almas en pena, chalopas negras (fragmento)Fernando Vallejo

Almas en pena, chalopas negras (fragmento)

"Qué poco conoces, amigo Enrique, a nuestro santo. Claro que el padrino de Elvira no fue Jorge Isaacs sino José María Quijano Otero, y en eso está equivocado Max Grillo, pero que Silva le dijo lo que le dijo, ¡claro que se lo dijo! Silva era un malagradecido. Y la expresiva carta a Eduardo Villa que dices era porque lo tenía en la mira: para sacarlo a bailar con él en el torbellino de sus deudas el Vals Mefisto. El 1º de diciembre de ese año 91 (y está en el Diario de contabilidad), Silva le pagaba a Eduardo Villa $760 con 20 centavos por intereses atrasados desde el 15 de agosto sobre $14.489 con 95 centavos tomados al uno y medio mensual, y con doña Mercedes Diago de fiadora. ¿Y cómo pudiste saber, además, que Silva pensó o no pensó tal frase? No se te olvide, Enrique, que nosotros somos biógrafos, no novelistas de tercera persona desaforados que ven pensando a su personaje fulanito como a través de un vidrio, y nos sueltan todo el chorro de su monólogo interior. Ni tú, ni yo, ni nadie sabemos lo que pensaba Silva. A Silva lo podemos juzgar sólo por los hechos exteriores, por las palabras de sus cartas cotejadas con los documentos notariales que tú has encontrado y su Diario de contabilidad que Dios me llovió del cielo con el beneplácito de su siervo Álvaro de Brigard.
Silva era un malagradecido y se burlaba de Quijano Wallis, su vecino de quinta en Chapinero, y quien tan bellas cosas escribió sobre Elvira en El Correo Nacional, aunque tan mal escritas. Sanín Cano recordó el comienzo de una burla de Silva al mencionado en eneasílabos, verso que los modernistas pusieron en circulación:

Ayer al salir de esta corte
en un coche de veinte reales,
en la carretera del norte
me encontré con Quijano Wallis.

¿Cuándo sería ese «ayer»? ¿De dónde vendría Silva? ¿Vendría de su almacén? ¿Cuánto vendería ese día en el almacén para poder pagar un coche de veinte reales? Irían los dos para Chapinero a sus quintas: Silva a Chantilly, Quijano Wallis a Caserta... Mientras llegamos a Chapinero en este tranvía de mulas de los pobres, de los que no podemos pagar coches de veinte reales, en el tranvía de The Bogotá City Railway Company del gringo Mr. Davies que administraba justamente Sanín Cano, permítaseme presentarles a don José María Quijano Wallis con este retrato instantáneo que Francisco de Paula

Carrasquilla le tomó:
Ministro de escuela primero,
político sin partido,
ex secretario, ex banquero;
mas todo lo ha conseguido
porque anda arrastrando el cuero
como si fuera un tullido.

Los tres grandes fotógrafos de Bogotá por esas fechas eran: Demetrio Paredes, Julio Racines y Francisco de Paula Carrasquilla. Los dos primeros sacaban las fotos con sus cámaras fotográficas o «maquinitas de retratar». El otro, endemoniado, con su pluma perversa. Don Demetrio y don Julio fotografiaron a los Silva. Don Francisco no.
Y sin embargo este maestro de la adulación, Quijano Wallis, que antecedió al general Sergio Camargo como Enviado de Colombia ante el Vaticano, no se plegó a las insinuaciones del presidente Núñez para que negociara un Concordato con la Santa Sede que le arreglara sus dificultades matrimoniales; esto es, que se pudiera casar el Primer Mandatario con doña Soledad Román, con quien vivía en amasiato, y lo descasara de paso de su legítima esposa doña Dolores Gallego, de la que se hartó. Núñez hubo de casarse por lo civil con doña Soledad en 1877 y esperar casi doce años, hasta que su legítima esposa se murió, para poderse casar por lo católico con la otra, que era cuanto la otra quería. "



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