El extraño (fragmento)Carlos Reyles

El extraño (fragmento)

"Se detuvo, entornando los ojos como hacen algunas personas para recordar, y luego prosiguió:
—Lo que no puedo precisar es cuándo me enamoré de ti; yo creo que siempre lo estuve. Si me decían que era linda, me alegraba por mi Julio; si procuraba ser elegante y mona, era para seducirte; y si me sentí dichosa cuando me subieron el moño y me llevaron al primer baile, fue porque me dije:
«ahora ya soy una señorita y puedo, cuando le parezca, casarme con él».
Gustando la miel de los recuerdos gratos hablaba, hablaba mientras Guzmán, con la seriedad del artista absorbido en su obra, la cubría de violetas. Tenía la canasta á la mano, y sin levantarse iba cogiendo los ramilletes y poniéndolos con peregrino arte en la cabeza, sobre el busto y en el cuello de su amada.
—¡Alma!...
—¡Vida!...
-¿Recuerdas aquella noche? tú estabas enfermo, no podías bailar y me seguías con la vista tristemente, tal vez con un poco de celitos. Desde el principio tuve el carnet lleno, y yo que entré al baile con un temor horroroso de planchar... No perdí pieza; los mozos me asaltaban pidiéndome los intermedios; y a la hora de haber entrado tampoco tenía intermedios... La señora de la casa me abrumó de atenciones, los viejos graves lo mismo, en fin, un triunfo que te hizo pasar un mal rato, y ¿lo creerás? yo gozaba de verte triste; sabía que era por mí y eso me llenaba de felicidad y orgullo.
Guando estuvimos solos en el comedor de casa me dije: «Yo tengo la culpa de esa tristeza y yo debo disiparla». "



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