El aquelarrito (fragmento)Miguel Buñuel

El aquelarrito (fragmento)

"Una atalaya larga, interminable. De rocas altas, empinadas, enormes. Grises y rojizas. Y sin vegetación alguna. El sol está a punto de ocultarse por su extremo, que se recorta en un cielo muy azul. Las nubes, muy blancas. A los pies de la atalaya, incrustado en sus rocas, el pueblecito, alargándose como el mango de una sartén. Y en la cresta de la atalaya, exactamente encima de la plaza, las ruinas de un castillo de los tiempos de la Reconquista, en las que destacan los restos de un torreón árabe. En la plaza, la iglesia, con columnas salomónicas en el pórtico, una torre coronada por un gallo de hierro –la veleta– y un nido de cigüeñas. Y la fuente, abierta en un muro escalonado con bancos de piedra.
[...]
En los bancos, sentados, algunos viejos, rostro enjuto surcado de arrugas, con la mirada clavada en el infinito y las manos sarmentosas entrelazadas sobre la gayata. Y niñas jugando a las casitas. Unas preparan la cena, porque los primeros labradores ya regresan de los campos. Trozos de baldosines rojos y de vidrio verde hacen de cacharros. Los guijarros de río son los panes y la arena, el arroz. Otras niñas mecen a sus muñecas de trapo, canturreando una nana, porque las gallinas con su gallo se han ido a acostar. De la iglesia sale alguna mujeruca enlutada, alguna joven con vestido estampado en colores chillones. Las mozas han empezado a acarrear agua en sus ventrudos cántaros de barro que apoyan en la cabeza o en la cadera. Un campesino, con una recua de tres borricos cargados con talegas repletas, asciende por la empinada cuesta junto al muro escalonado.
[...]
Y de pronto... Niños, blandiendo haces de mimbre, a modo de escopetas, montados a horcajadas sobre otros niños que trotan como caballos, irrumpen en la plaza. Es la caballería. Gritan y alborotan. Detrás, un grupo, con los mimbres al hombro, camina en formación marcial. "



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