Árbol de humo (fragmento)Denis Johnson

Árbol de humo (fragmento)

"Cuando le faltaban tres semanas para licenciarse de la marina, Bill Houston tuvo una pelea con un hombre negro en el comedor de reclutas de Yokosuka, en la cocina, donde había sido asignado junto con otros tres marineros para que pintara las paredes. El estilo invariable de ataque de Houston consistía en acercarse deprisa y por lo bajo, estrellar el hombro izquierdo contra el estómago del oponente mientras le enganchaba la rodilla con el brazo derecho, y derribarlos a los dos de manera que él cayera encima, clavándole el hombro al otro en el plexo solar con todo su peso detrás. También practicaba otros movimientos, porque consideraba que pelear era importante, pero aquella apertura solía funcionar con los adversarios más duros, aquellos que se plantaban con firmeza y levantaban los puños. Aquel negro con el que se las estaba teniendo acertó a darle un golpe en la frente a Houston cuando este iba a por sus piernas, y Houston vio volar estrellas y arcoíris mientras los dos caían sobre un cubo de pintura de veinte litros y lo derramaban por el suelo. El abdomen del tipo era tan duro como un casco, y él ya se estaba intentando escabullir mientras los dos resbalaban por el suelo de baldosas sobre un charco cada vez más grande de esmalte de color verde hospitalario. Houston intentó incorporarse mientras el hombre daba un brinco tan ligero como si fuera una marioneta y le lanzaba una patada lateral de la que el cráneo de Houston solamente se salvó porque el tipo resbaló y cayó en medio de todo el mejunje, con la mano izquierda extendida para parar la caída. Pero la mano también le resbaló, y cometió el error de ponerse boca arriba en un intento de volver a incorporarse, y para entonces Houston ya se había recobrado y le saltó encima del vientre con los dos pies y con toda la fuerza que pudo. Aquella maniobra se llamaba el «pisotón del caballo salvaje», y se decía que causaba la muerte, pero Houston no sabía qué otra cosa hacer, y en todo caso, mientras ponía fin al altercado y le daba la victoria a Houston, no hizo mucho más que dejar al tipo sin aire. Seis hombres de la patrulla de costas arrestaron a los combatientes, dos bípedos de color verde y ahora racialmente indistinguibles. Mientras los guardias costeros los limpiaban, ponían lonas sobre los asientos del jeep y se los llevaban esposados, Houston decidió que, si tenían que pasar un tiempo juntos en el calabozo, evitaría la revancha. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com