Baile y cochino (fragmento)José Tomás de Cuéllar

Baile y cochino (fragmento)

"Entró Francisca a la sala con un trapo mojado en la mano; pero en señal de respeto se puso el rebozo y se cubrió con él la cabeza.
Francisca era lo que se llama, propia o impropiamente, un garbanzo, un poco relamida y menos desaseada que la generalidad del gremio. Usaba las consabidas enaguas de percal tocando al suelo, un saco holgado de la misma tela y el nacional rebozo.
Las primeras familias de los conquistadores que venían a tomar asiento en las Indias, preferían para su servidumbre a los indios que comenzaban a masticar el castellano; y aunque al principio la servidumbre se mantenía con ración de maíz y chile, poco a poco fue transigiendo con las viandas españolas, lo cual era considerado por los demás indios como una prevaricación y como un pecado de lesa nacionalidad.
Una de las semillas importadas por los españoles fue el garbanzo, leguminosa de que ningún puchero español se ha privado desde antes del Cid. El conquistador importaba, pues, entre otras muchas cosas para su regalo, los garbanzos, que por muchos años han seguido viniendo de la madre España, no obstante su fácil aclimatación y cultivo en México. El indio, pues, que además de chapurrear el idioma de los blancos, comía de los garbanzos del amo, se llamó garbancero, en señal de desprecio patriótico; y este mote, perpetuado hace trescientos años, se ha vuelto sustantivo con el uso, para aplicarlo con doble maliciosa intención a la criada joven. De tal manera, que si la Academia de la Lengua hubiera de prohijar los modismos de las antiguas colonias españolas, siquiera para ilustración de los que lean los relatos de nuestras costumbres, adicionaría su noticia sobre el garbanzo con estas dos aplicaciones:
Garbancero: pr. Méx., "criado doméstico de la clase indígena, o bien mestiza, que habla castellano y come garbanzos"
Garbancera: "criada joven con las mismas circunstancias que el garbancero".
Por otra parte, no necesitamos especificar ni explicar el enlace ideológico que existe entre garbanzo y pollo, porque esas analogías pertenecen a la vida estrictamente privada. Pero no debemos omitir, a fuer de fieles narradores, que Francisca no atravesó la antesala, y más especialmente el corredor, sin sufrir algunos empelloncitos y algunos pellizcos cariñosos. (Histórico y proverbial en la crónica de las cocinas, y de los bailes como el que hacía Saldaña). "



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