El perdón (fragmento)Vladimir Jankelevitch

El perdón (fragmento)

"Entre ambas severidades, la excusa indulgente descubre así la intermediaridad del hombre complejo, inocente
y culpable, pero sobre todo inocente. Y no como simple tolerancia respecto del mal, sino como una verdadera disculpación y una rehabilitación racional del sospechoso.
Más allá de la apariencia, encuentra la primera verdad, esa que corresponde a la profundidad de primer grado, a la primera complejidad, al primer exponente de conciencia: pues la primera verdad es, asimismo, una verdad a la segunda potencia. La indulgencia representa la primera profundidad por debajo del plano superficial de severidad primitiva. Pero a la inversa: comparada con la segunda profundidad, comparada con la verdad pluscuamprofunda, con aquella que haría reaparecer la intención malevolente bajo las coartadas de la psicología, la indulgencia más bien constituye, como veremos, una profundidad superficial: la profundización de la culpa queda frenada; la indulgencia se detiene a media profundidad antes de encontrar la nueva y cruel verdad, que es verdad a la tercera potencia. Con su profundidad mediana, la indulgencia medio profunda resulta a la vez menos severa que la severidad pasional de los orígenes y menos rigurosa que el rigor ético del hombre desengañado. Pero, sobre todo, su relativa profundidad la distingue de los reflejos vindicativos. La intelección, no contenta con escudriñar las motivaciones, intenciones y resortes críticos del acto, revela los factores invisibles del mismo: pues los efectos palpables tienen causas impalpables, el acto manifiesto obedece a una causalidad inmanifiesta; la intelección descubre así una especie de verdad esotérica: bajo las apariencias dramáticas del pecado teje la trama de una etiología inaparente. Esta etiología inaparente es asimismo una etiología fina: descansa en el análisis crítico, detallado y minucioso de la culpabilidad; distingue en lugar de confundir; desenreda hilos que la acusación totalitaria y la condenación sumaria no se preocupaban de desenmarañar. Supone el examen y la peritación de la culpa. Y demuestra el carácter paradójicamente mutuo de la causalidad culposa: la causa es, asimismo, efecto de sus propios efectos; los efectos son, asimismo, causa de su propia causa. A fuerza de comprender todo, acabaremos descubriendo que los verdugos son las verdaderas víctimas de sus víctimas, y que las culpas estaban ¡«repartidas»! A igualdad de condiciones, además, la severidad, juicio de conjunto, resulta, por término medio, más aproximada que la indulgencia; la indulgencia por término medio más matizada y meticulosa que la severidad: tiene en cuenta circunstancias más numerosas y más complejas, la sociedad y la heredad, aduce el determinismo de los antecedentes, y en esto es más psicológica. Por su parte, la psicología, al multiplicar los matices y aducir las circunstancias atenuantes, vuelve al acusador indulgente y proporciona a la excusa no sólo razones, sino además pretextos. Las circunstancias atenuantes y la responsabilidad atenuada forman la especialidad del psicólogo: no representan el perímetro de excusabilidad alrededor de la quodidad. Más aún: todas las circunstancias, sea cual sea su naturaleza, son atenuantes más o menos, atenúan más o menos la culpa que «circunstanciaban», contribuyen a matizar el hecho sumario y brutal de haber hecho. Haber matado, robado, mentido, haber cometido esto o aquello, — ésa es la quodidad indivisa de la comisión, y esta indesarraigable quodidad no conlleva ni degradados ni atenuación. Haber hecho... ¿pero cómo? Quien no sabe el Cómo de la culpa no sabe nada. Quien sabe la efectividad de la comisión y esa efectividad únicamente, ignora el quid de la culpabilidad; desconoce la palabra del matiz y de la especificidad cualitativa. La ciencia de la culpa comienza con las determinaciones categoriales, y principalmente las que se expresan con adverbio de modo y que califican la disposición intencional del culpable. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com