Donde crecen las flores silvestres (fragmento)Aminatta Forna

Donde crecen las flores silvestres (fragmento)

"Me acerqué hasta la ventana y saqué medio torso fuera para asegurar el postigo a su pestillo. Unos papamoscas se balanceaban en un cable alto. El campo que había estado un tiempo en barbecho se veía ahora cubierto de hierba alta y aster morado, además de unas flores amarillas, hierba de burro, creo que se llaman. Mi padre sabía bastante de plantas y flores. La hierba de burro crece por todas partes, sobre todo en los vertederos y las cunetas. Lo cual quería decir que la tierra de ese campo probablemente no era muy buena.
Laura se puso a hacer café y yo a curiosear un poco. Me había equivocado al pensar que nadie iba por allí: alguien se había ocupado de barrerlo todo y de dar una mano de pintura a las paredes. Me extrañó, porque yo siempre había prestado atención a la casa; no estoy diciendo que hiciera reparaciones —como la casa no era mía, no me incumbía a mí hacerlas—, sino que había sido testigo de su deterioro. Los cambios llegaron poco a poco, como la vejez a una mujer: otra arruga, patas de gallo que se ensanchan, manchas de la edad que van saliendo a la superficie. Hasta que un día los estragos consiguen desfigurar ese rostro que nos es tan conocido.
Debía de haber filtraciones en el tejado porque vi una mancha en una esquina del techo. El yeso se había desprendido y asomaba un trozo de listón. Al lado de la puerta, una caja con trastos para sacar a la calle: loza, un escurreplatos viejo, botellas vacías. En la parrilla del hogar, pavesas de un fuego antiguo, duras y salpicadas de excrementos caídos desde lo alto de la chimenea. Aunque habían adecentado las paredes, la pintura azul de las ventanas estaba descascarillada. Un zarcillo de enredadera reptaba pegado al marco. Pasé las yemas de los dedos por la superficie de la mesa junto a la que estaba, palpando los nudos, el alabeo de la madera. Laura trajo el café. Una niña se asomó a la puerta de atrás. "



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