El oasis (fragmento)Bahaa Taher

El oasis (fragmento)

"Estoy convencido de que Saíd no quiso asustarme y de que ha hecho todo lo posible por librarme de esta misión. Nuestra amistad viene de lejos, por mucho que se haya enfriado con el paso del tiempo hasta el punto de verse reducida a una relación entre jefe y subordinado. Pero las historias y los secretos de otra época nos mantienen unidos. Hace años que no hablamos de todo aquello, pero ambos sabemos que el otro no ha dejado de acordarse. Los demás, sin embargo, me siguen previniendo del viaje con sospechosa compasión. Algunos están felices por haberse librado de la tarea y porque me haya tocado a mí. Otros se esfuerzan en ocultar la alegría que les produce mi desgracia mientras me hablan de todas las caravanas que se extraviaron en el desierto y terminaron engullidas por las dunas; de pequeñas cáfilas condenadas a deambular sin rumbo y de un portentoso ejército persa que enviaron en tiempos remotos a conquistar el oasis y que acabó siendo derrotado por el desierto, cuyas arenas lo sepultaron para siempre.
Afortunadas son las caravanas —me han dicho— que consiguen terminar la travesía antes de que se les agoten las provisiones de agua y de que el viento altere los hitos del camino, forme colinas que antes no existían o anegue los pozos en los que abrevar a los camellos. Afortunadas también si el campamento levantado para pasar la noche no sufre el embate nocturno de hienas y lobos o si a uno o dos de sus componentes no los muerde una serpiente.
Esto y más es lo que me han contado, pero yo no he prestado la más mínima atención. El miedo a que la caravana no llegue sana y salva a su destino no es menor que el que me inspira la posibilidad de que nos perdamos. Sé muy bien que me dirijo al lugar donde habrán de matarme a mí y quizá también a Catherine.
¿Es el anuncio de mi muerte una de las cosas que me ha intentado decir Mr. Harvey en nuestra reunión de hoy?
Entré en su despacho dispuesto a provocarlo. ¿Qué podía perder a estas alturas? Nunca antes había estado en la oficina de aquel secretario, que manejaba todos los hilos que movían el ministerio. Su diplomática forma de hablar me ha parecido más bien afectada. Él mismo me ha resultado falso, sentado todo lo menudo que es tras su inmenso escritorio, con un nada convincente fez bajo el cual sobresalía el pelo rubio. No se ha dirigido directamente a mí, más bien invocaba algo imperceptible que debía de estar situado a su derecha, en un rincón de la estancia, sin parar de repetirme lo que ya le había oído decir al general Saíd, pero poniendo especial cuidado en incidir en lo que él suponía que era mi punto débil. "



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