Francisco García Nava


 España | 1868-1937




1905 | 37 años
Cementerio de la Almudena
Madrid | España


1912 | 44 años
Edificio de viviendas
Madrid | España


1917 | 49 años
Iglesia de la Buena Dicha
Madrid | España


1917 | 49 años
Edificio Jesús Espiga
Madrid | España


1926 | 58 años
Capilla cementerio de La Almudena
Madrid | España


1929 | 61 años
Edificio Margarita Rodríguez
Madrid | España


Biografía:
  Arquitecto español nacido en Somió, Asturias. Tras cursar estudios de enseñanza media en el Instituto Jovellanos de Gijón, donde destacó en la asignatura Dibujo lineal y de adorno, en 1891 lo encontramos ya en Madrid como auxiliar de secretaría del Ayuntamiento. En 1892 ingresó en la Escuela Superior de Arquitectura pero no logrará titularse hasta diez años más tarde, pues tuvo que compaginar los estudios académicos con su trabajo en el Ayuntamiento y con una incursión en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central para cursar Mecánica Racional. Obtuvo el título de arquitecto en noviembre de 1902 y tres años más tarde fue nombrado Arquitecto de Cementerios del Ayuntamiento de Madrid. De profundas convicciones religiosas, en diciembre de 1933, víctima del acoso político, fue relevado de su cargo de arquitecto director de la Necrópolis del Este, falleciendo cuatro años después. Poco a poco, la figura de García Nava ha ido alcanzando el destacado lugar que ciertamente le corresponde dentro de la arquitectura española de las primeras décadas del siglo XX. Su aportación a la edilicia doméstica en sus obras de mayor empeño se distingue por una imaginativa interpretación del eclecticismo finisecular impregnada de la corriente secesionista, como puede apreciarse en el edificio de viviendas de la calle Alfonso XII, proyectado en 1912, mientras que el construido en la plaza del Marqués de Salamanca, 11, de 1929, muestra una depuración formal próxima a la estética decó. En la iglesia de la Buena Dicha (1917), consigue un ejemplar excepcional en la arquitectura religiosa madrileña de la época, sacando el máximo partido al exiguo solar entre medianerías en un alarde de talento y creatividad. Cuando en 1905 se quiso reactivar la construcción del gran cementerio madrileño proyectado casi treinta años antes, la estética imperante era muy distinta. García Nava se ocupó de poner al día el proyecto de Fernando Arbós y José Urioste en un complejo proceso proyectivo que se alargaría hasta 1927. La capilla, una auténtica obra maestra, posee una única torre en la cabecera, rematada por un chapitel fusiforme de inspiración gaudiniana y cierto carácter expresionista. Su cúpula presenta perfil parabólico y distintos elementos de remota extracción bizantina, a los que habría que añadir el aire exótico que le otorgaba su primitiva cubierta de cerámica vidriada. La insistencia en el empleo de formas parabólicas –en el remate de la torre, en la cúpula y en los arcos torales y vanos de la capilla, así como en los viaductos que resolvían la comunicación de la Necrópolis con la ciudad– recuerda ciertamente a Gaudí. La obra de García Nava en la Necrópolis del Este se alza pues como el buque insignia del modernismo madrileño, situándose también en primera línea del panorama español del estilo. En su género, como cementerio, puede decirse sin exageración que el arquitecto asturiano llevó a cabo una de las creaciones más notables de Europa.  © IEM



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