El halcón peregrino (fragmento)Glenway Wescott
El halcón peregrino (fragmento)

"El amor es en sí mismo una exageración que tiene tendencia a ser contagiosa.
(…)
Cuando el amor te ha dado satisfacciones descubres que una gran parte del resto de tu vida es sólo el pago por ellas, letra tras letra.
(…)
La humanidad tiende al histrionismo, preocupándose en ensayar con todo detalle cada arrebato de pasión, de manera que la mitad de nuestra vida no es más que una difusa y tormentosa ficción.
(...)
En los años veinte no era raro encontrarse con extranjeros en algún país tan ajeno a ellos como a uno mismo, mientras uno se cruzaba en su camino; y uno hacía lo posible por conocerlos en una tarde o dos; y quizás a ese breve conocimiento relámpago se le llamaba amistad...
Me lo pregunté. Aunque había sido un niño pobre, en una granja de Wisconsin, en un barrio marginal de Chicago y en Alemania en 1922, no podía recordar ninguna sensación exacta de hambre, es decir, hambre de estómago. Y pensé —como suelen pensar quienes están relativamente bien alimentados— en las otras hambres humanas, mentales, sentimentales, etc. Por ejemplo, mi propio empeño en mi juventud por ser un artista literario. Nadie me advirtió que realmente no tenía suficiente talento. Por lo tanto, mi esperanza de convertirme en un muy buen artista se tornó amarga, intensa y angustiosa; y empeoraría a medida que creciera. El artista fracasado también termina en la apatía, demasiado orgulloso y molesto para volver a volar, esperando una inspiración retenida, aburrido hasta la muerte.
(...)
Ella le dio ligeramente la espalda y nos miró a Alex y a mí con cierta hostilidad. Era esa cuidadosa ausencia de expresión, esa ausencia de ceño fruncido, que se ve en el rostro de un profesor inteligente cuando empiezan las preguntas irrelevantes o las interrupciones. También había una tristeza en su mirada que, si la interpreto bien, yo mismo he sentido a menudo. No quería que tomáramos su halcón, su tema predilecto, su afición y símbolo —fuese lo que fuese para ella— y lo interpretáramos a nuestro antojo...
La mitad del tiempo, me temo, mi opinión sobre la gente es solo una suposición; una caricatura. Una y otra vez cedo a una especie de lirismo inexacto y vengativo; no sé qué derecho tengo a vengarme, y me avergüenzo de ello. A veces dudo por completo de mi juicio en cuestiones morales; y mientras pretenda ser un narrador de historias, eso es el susurro del diablo para mí."



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