América bajo la lupa (fragmento)Eugenio Noel
América bajo la lupa (fragmento)

"El río de las Amazonas…, Nuestra Señora de la Mar Dulce…, es en el propio Brasil uno de tantos mundos aparte como el Brasil contiene; ni poco ni mucho más conocido que los otros, pero probablemente el sitio más singular de la Tierra en la actualidad. Sin esa misteriosa fuerza de cooperación que, más feliz y eficaz que nuestro colonismo salvacional y redentorista, fija las líneas de fuerza más extraordinariamente apartadas y diversas, la Amazonia sería una República americana más. Por hoy los dos millones de kilómetros cuadrados del área de su «bacia» son ni más ni menos que una reserva para la humanidad futura. El hombre es todavía aquí tan intruso como en los días de nuestro Pinzón, y lo será durante muchos siglos; y la Silva hórrida, de Martíns; la Silva mirabilis, de Euclydes de Cunha; el Infierno verde, de Alberto Angel; la Terra Immatura, de Alfredo Ladislau; como la Hyloe que Himboldt miraba con espanto casi religioso, o el Rio Orellana, cuyo descubrimiento relatara nuestro fray Gaspar Carvajal, no son otra cosa que una promesa. El que por ella se aventura aprende pronto esto, y su admiración se toma en el horror que experimentara Wallace. Un río, el más grande de los ríos del mundo; un río vivo, un río trabajador, de esos que el viejo geógrafo Morris Davis dotaba de ciclo vital, absorbe en su thayweg, en su lecho, las doce vertientes de la Amazonia, los doce prodigiosos ríos de la cuenca más vasta de la Tierra, y arrastrándose desde los Andes durante un curso de cinco mil quinientos kilómetros, forma seis mil islas, mil trescientos ochenta lagos, millares de millares de igapós e igarapés, brazos y arterias infinitos hasta sepultar en el Atlántico, por una boca de trescientos veintiocho kilómetros, diecisiete millones de toneladas de lodo. Los que hemos recorrido la mayor parte de su línea central de agua, desde la barra de separación, en el mar azul, de la comente turbia de este «Ecuador que anda», hasta Para, de aquí hasta Manaos, luego hasta Iquitos, sabemos de la belleza de era primaria, del asombro de época geológica que inspira… ¿No es su erosión actual, su trabajo de desgaste y abatimiento, prolongación de la labor iniciada en los tiempos terciarios sobre el sistema andino? Página del Génesis, visión paleozoica, florestas carboníferas que todavía conservan su fauna, los monstruos primitivos, «serpientes cavillosas» y «cocodrilos aborrecidos», de dieciocho metros de largo. Belleza sin par la de estas selvas sin día, al abrirse cerca del agua en boscaje de palmas de abacabeiras, follajes, enramadas y espesuras de patoas, acahys, paxiubas, dejando ver en sus estuarios y lagos el triunfo de sus andinos. Por cierto que estando nosotros en Cuenca, en el corazón de los Andes ecuatorianos, vimos por el camino del Naranjal las lagunas de Cajas; allí nace el Tomebamba, verdadera fuente del Amazonas, al parecer. ¿No es una de las aventuras que ha de correr la expedición de Iglesias el encontrar esas fuentes? Las más recientes averiguaciones del geógrafo Squires y del comandante Besley, expedición especialmente conducida para despejar el misterio del nacimiento del río, dieron por resultado trasladar esas fuentes desde Lauricocha, en el departamento de Tarma, a la región andina de La Raya, en el Perú, en el Vilconota. Pero ello, como toda la hidrografía amazónica, continúa siendo una página casi intacta de historia natural y de cartografía. En nuestros viajes nos decían que las mejores proyecciones cartográficas de la inmensa Amazonia eran las del barón Homem de Mello. Ellas y las de la Sociedad Americana de Geografía, bajo la dirección de Josiah Bowman; pero como no las vemos citadas en las conferencias de nuestro capitán, sin duda que se anticuaron. Nada extraño al margen de ese río, nuevo siempre, siempre diferente, río sin orillas, pues si en la garganta de Obidos se estrecha hasta tener entre las riberas una sola milla de distancia, se ensancha hasta cuarenta en Villa Franca; río trabajador si los hay hasta impresionar fuertemente el ánimo. "


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