Imposible (fragmento)Erri De Luca
Imposible (fragmento)

"Entonces prosigo. Sciascia dice que incluso un acto político criminal como ese secuestro con la matanza de la escolta concierne sólo a quien lo cometió. El crimen, incluso si se consuma a título colectivo, no deja de ser de responsabilidad individual. Uno es y sigue siendo lo que comete en persona. Desde un punto de vista humano y literario es cierto. Los disparos que se efectuaron en esas acciones siguen ejerciendo su retroceso en la mano de los participantes.
Pero hay otros ámbitos y atañen al delito de participación en banda armada. El Estado pretende aplicar la circunstancia agravante de asociacionismo a cada miembro de la organización. No he de explicarle a usted lo que es. Como participante en una organización armada, fui condenado como responsable de cualquier acción, incluidas aquellas en las que no estuve presente.
En los años de esos juicios, llovieron cadenas perpetuas sobre quienes se habían limitado a acoger en sus viviendas a alguien de la organización. Fin de la responsabilidad individual y adiós muy buenas a Sciascia, parlamentario del Estado italiano. No puede ejercer de árbitro de conciencias ajenas quien pertenece a una ley que condena en bloque incluso a aquellos que no cometieron el delito concreto.
El periodismo de la época copia el título de una película alemana para amontonar todo un periodo comprendido entre los años setenta y ochenta bajo el marbete de los años de plomo. Ese periodismo asocia con la emplomadura a una gran parte de los militantes revolucionarios, que no se enrolaron en bandas armadas. Otra lápida que se añade a la muerte de la responsabilidad individual.
En última instancia, yo mismo me considero responsable de cuanto se cometió en aquellos años públicos. No sólo los delitos, sino también los buenos resultados obtenidos con las luchas callejeras forman parte de mi balance general de una época colectiva.
Entonces, ¿de qué está hablando Sciascia? Del rebote emotivo que la acción armada descarga sobre quien la ejerce. La motivación política no protege los nervios del participante de las consecuencias a largo plazo. Y uno acaba pensando: esa acción, que entonces se consideró necesaria y urgente, hoy sería absurda. El tiempo transcurrido destapa la cobertura de la razón política, aísla al participante. Esos disparos seguirán retumbando dentro de él.
Sciascia tiene razón en el ámbito humano, la responsabilidad es individual. Tenía ya razón en el ámbito literario, establecido de una vez por todas por Crimen y castigo.
Se equivoca en el ámbito de la ley y de la política. Como parlamentario en una comisión de investigación, se hallaba en el lugar equivocado para sacar sus conclusiones. Elegido en las listas del Partido Radical, creyó en esa clase de compromiso de un escritor. Se equivocaba, porque negaba su individualidad, no conciliable con la pertenencia a un partido y a un órgano del Estado. En esa función de investigador público ya no era un escritor. No podía permitirse la neutralidad. "



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