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En la sala de oncología "Dos jóvenes, que supongo son sus hermanas, la ayudan a llegar a la puerta abierta que conduce a las salas de reconocimiento. Cada una se dobla bajo el peso de un brazo y camina con el porte recto y resistente del coraje. A lo que debe parecer una gran distancia, una enfermera sujeta la puerta, sonriendo y dando ánimos. ¡Cuánta paciencia despliega en las almidonadas velas blancas de su uniforme! Bajo su gracioso gorro de lana la enferma se esfuerza para ver el balanceo de sus pies, cómo se arrastraban mientras recibe el peso de su cuerpo. No hay ni inquietud ni impaciencia ni rabia a la vista. La gracia llena el molde limpio de este momento y guardan silencio las hojas de todas las revistas. " epdlp.com |