|
Miopita (fragmento) "Gerarda salió. Bajó a la calle y caminó sin saber a dónde. Así anduvo cerca de un cuarto de hora. Con sorpresa, se encontró cerca del Retiro y penetró inconscientemente en el jardín. Se perdió entre las frondas solitarias y se sentó en un banco cubierto de hojas secas. A lo lejos se oían risas y murmullos. Un pajarillo vino a picotear cerca de sus pies. Entonces, como si despertara de un sopor, sintió que todo se derrumbaba en su espíritu y rompió a llorar ruidosamente. Escondió la cabeza en las manos y durante más de una hora estuvo sollozando. Algún transeúnte la miró con curiosidad. Un guarda, al pasar, murmuró: “¡Pobrecilla!” Aquel era el epitafio de todas sus ilusiones muertas. Alzó la cabeza y le pareció odiosa la luminosidad del día, la intensa fragancia de las flores de otoño, la impasibilidad de la Naturaleza, maldita por todos los poetas, desde el poema de Sakuntala. ¡Y había que vivir! Había que ser fuerte por la madre, por aquella abnegada genitora, medio paralítica, enferma gravemente del corazón, que sucumbiría a cualquier doloroso sobresalto. Se puso en pie y caminó de nuevo; pero esta vez en dirección a su casa. Era forzoso insensibilizarse, y comprendió que ya no le sería muy difícil. Su madre tenía razón: las penas del amor endurecen; pero a veces endurecen como a las momias la tierra tebana: después de bien muertas. Su corazón, para ser duro había muerto para siempre. Para siempre... ¡Qué frase tan amarga! ¡Y cuántas mujeres la pronuncian del mismo modo! Decidió esperar a que fuera la hora del mediodía. Erró por muchas calles; vio pasar a hombres y a mujeres sin mirarla. Tal vez algunos sentirían en el espíritu el peso de una cruz; pero todos disimulaban. Era menester ser tan fuerte como ellos. Se miró en las lunas de los escaparates; se vio desencajada y se aterró ante la idea de que su madre pudiera adivinar la ocurrido. Era necesario prepararla, dilatar el golpe todo el tiempo posible. Entró en el portal de su casa; la portera, una buena mujer, la saludó con la cordialidad de costumbre. " epdlp.com |